gilbran
Ernesto Salgari
La noche dobló su espalda
y se conformó con el silencio
no vino la humedad del beso
a mitigar sus delirios
y sucumbió al abismo,
corren las notas de un saxo
entre callejones y neones,
la muerte, desliza sus senos por mi frente
y enciende un cigarrillo,
me envuelve el humo azul de un fatal sino,
la aridez de un lecho enmohecido
el estruendo de un disparo
cristalizando el espacio
de una noche de resplandores heridos,
de lecturas inconclusa y pétalos envenenados.
La noche en rictus
dibuja su última mueca
y a medio servir
deja caer una copa de vino
de entre sus negras manos,
manos que beso resignado
y sostengo en mi pecho,
a ver si tu oscuro silencio
es capaz de disipar
mi propia agonía.
La agonía de encontrarme cara a cara
contigo vida mía.
y se conformó con el silencio
no vino la humedad del beso
a mitigar sus delirios
y sucumbió al abismo,
corren las notas de un saxo
entre callejones y neones,
la muerte, desliza sus senos por mi frente
y enciende un cigarrillo,
me envuelve el humo azul de un fatal sino,
la aridez de un lecho enmohecido
el estruendo de un disparo
cristalizando el espacio
de una noche de resplandores heridos,
de lecturas inconclusa y pétalos envenenados.
La noche en rictus
dibuja su última mueca
y a medio servir
deja caer una copa de vino
de entre sus negras manos,
manos que beso resignado
y sostengo en mi pecho,
a ver si tu oscuro silencio
es capaz de disipar
mi propia agonía.
La agonía de encontrarme cara a cara
contigo vida mía.