Nostalgia de primavera

Teo Moran

Poeta fiel al portal
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Anochecía un día más en la sierra parda,
en los cangilones de un cielo oscuro,
en el tronar del almendro vacío y seco
que por culpa de una melodía serena
y bajo sus notas se inflama la noche
dando penumbra y misterio al sendero,
enredado en las curvas del horizonte
donde la vida deambula sin prisa
y espera a no sé qué tiempo pasado
donde el destino no es más que un reo
de las irisadas flores del campo eterno,
al molino que rueda feliz en el cauce
de las hojas moteadas del cerezo,
al alma del niño que dentro de mí mora
y con sus risas y sus juegos duerme
bajo las ramas vacías del almendro.
Oscurecía y la noche no sabe de ruegos,
de los que habitan en el cortijo viejo,
de las horas pasadas del frío invierno,
no sabe de la melodía intranscendente
que se escucha y sabe a la flor del romero,
a la viña sonrojada con su crespón verde,
a la fuente que anuncia el deshielo
con su salmo cristalino y su hondo secreto,
no sabe del amor que huye en silencio
bajo la penumbra grave del sendero.
Oscurecía una noche más en el alma
con los vocablos infantiles de unos besos,
se apagaba la flor blanca del almendro
junto a las estrellas tenues del firmamento,
mas todo es melodía en la mañana
y el corazón lleva aroma a romero,
el campo se quiebra sobre el horizonte
con la silueta taciturna del olivo,
con la verde hoja y la blanca escarcha,
con el trino enamorado del jilguero.
Anochecía un día más en la sierra parda,
el almendro viste a sus ramas con su duelo,
veo correr al niño que dentro de mí mora
y con sus manos toma las hojas moteadas del cerezo,
a su corazón infantil descubriendo al mundo
que en su discurrir lleva uva y almendra,
una melodía dulce y enamorada
que lleva el cauce del río crecido y profundo,
a las flores nuevas de la primavera
que en el alma llevan aroma a romero.
 
Última edición:
Anochecía un día más en la sierra parda,
en los cangilones de un cielo oscuro,
en el tronar del almendro vacío y seco
que por culpa de una melodía serena
y bajo sus notas se inflama la noche
dando penumbra y misterio al sendero,
enredado en las curvas del horizonte
donde la vida deambula sin prisa
y espera a no sé qué tiempo pasado
donde el destino no es más que un reo
de las irisadas flores del campo eterno,
al molino que rueda feliz en el cauce
de las hojas moteadas del cerezo,
al alma del niño que dentro de mí mora
y con sus risas y sus juegos duerme
bajo las ramas vacías del almendro.
Oscurecía y la noche no sabe de ruegos,
de los que habitan en el cortijo viejo,
de las horas pasadas del frío invierno,
no sabe de la melodía intranscendente
que se escucha y sabe a la flor del romero,
a la viña sonrojada con su crespón verde,
a la fuente que anuncia el deshielo
con su salmo cristalino y su hondo secreto,
no sabe del amor que huye en silencio
bajo la penumbra grave del sendero.
Oscurecía una noche más en el alma
con los vocablos infantiles de unos besos,
se apagaba la flor blanca del almendro
junto a las estrellas tenues del firmamento,
mas todo es melodía en la mañana
y el corazón lleva aroma a romero,
el campo se quiebra sobre el horizonte
con la silueta taciturna del olivo,
con la verde hoja y la blanca escarcha,
con el trino enamorado del jilguero.
Anochecía un día más en la sierra parda,
el almendro viste a sus ramas con su duelo,
veo correr al niño que dentro de mí mora
y con sus manos toma las hojas moteadas del cerezo,
a su corazón infantil descubriendo al mundo
que en su discurrir lleva uva y almendra,
una melodía dulce y enamorada
que lleva el cauce del río crecido y profundo,
a las flores nuevas de la primavera
que en el alma llevan aroma a romero.
Bellas pinceladas de nostalgia y sentimiento llevan tus letras Teo, que envuelven al lector
de principio a fin, disfrutando de una fluida lectura. Ha sido un placer poder pasar por tu
buena inspiración hecha poesía. Un abrazo. Tere
 
Anochecía un día más en la sierra parda,
en los cangilones de un cielo oscuro,
en el tronar del almendro vacío y seco
que por culpa de una melodía serena
y bajo sus notas se inflama la noche
dando penumbra y misterio al sendero,
enredado en las curvas del horizonte
donde la vida deambula sin prisa
y espera a no sé qué tiempo pasado
donde el destino no es más que un reo
de las irisadas flores del campo eterno,
al molino que rueda feliz en el cauce
de las hojas moteadas del cerezo,
al alma del niño que dentro de mí mora
y con sus risas y sus juegos duerme
bajo las ramas vacías del almendro.
Oscurecía y la noche no sabe de ruegos,
de los que habitan en el cortijo viejo,
de las horas pasadas del frío invierno,
no sabe de la melodía intranscendente
que se escucha y sabe a la flor del romero,
a la viña sonrojada con su crespón verde,
a la fuente que anuncia el deshielo
con su salmo cristalino y su hondo secreto,
no sabe del amor que huye en silencio
bajo la penumbra grave del sendero.
Oscurecía una noche más en el alma
con los vocablos infantiles de unos besos,
se apagaba la flor blanca del almendro
junto a las estrellas tenues del firmamento,
mas todo es melodía en la mañana
y el corazón lleva aroma a romero,
el campo se quiebra sobre el horizonte
con la silueta taciturna del olivo,
con la verde hoja y la blanca escarcha,
con el trino enamorado del jilguero.
Anochecía un día más en la sierra parda,
el almendro viste a sus ramas con su duelo,
veo correr al niño que dentro de mí mora
y con sus manos toma las hojas moteadas del cerezo,
a su corazón infantil descubriendo al mundo
que en su discurrir lleva uva y almendra,
una melodía dulce y enamorada
que lleva el cauce del río crecido y profundo,
a las flores nuevas de la primavera
que en el alma llevan aroma a romero.
Que bello paisaje dibujas con tus sensibles y melancólicos versos, nostalgia de primavera y del alma que la llama. Un abrazo amigo Teo. Paco.
 
Anochecía un día más en la sierra parda,
en los cangilones de un cielo oscuro,
en el tronar del almendro vacío y seco
que por culpa de una melodía serena
y bajo sus notas se inflama la noche
dando penumbra y misterio al sendero,
enredado en las curvas del horizonte
donde la vida deambula sin prisa
y espera a no sé qué tiempo pasado
donde el destino no es más que un reo
de las irisadas flores del campo eterno,
al molino que rueda feliz en el cauce
de las hojas moteadas del cerezo,
al alma del niño que dentro de mí mora
y con sus risas y sus juegos duerme
bajo las ramas vacías del almendro.
Oscurecía y la noche no sabe de ruegos,
de los que habitan en el cortijo viejo,
de las horas pasadas del frío invierno,
no sabe de la melodía intranscendente
que se escucha y sabe a la flor del romero,
a la viña sonrojada con su crespón verde,
a la fuente que anuncia el deshielo
con su salmo cristalino y su hondo secreto,
no sabe del amor que huye en silencio
bajo la penumbra grave del sendero.
Oscurecía una noche más en el alma
con los vocablos infantiles de unos besos,
se apagaba la flor blanca del almendro
junto a las estrellas tenues del firmamento,
mas todo es melodía en la mañana
y el corazón lleva aroma a romero,
el campo se quiebra sobre el horizonte
con la silueta taciturna del olivo,
con la verde hoja y la blanca escarcha,
con el trino enamorado del jilguero.
Anochecía un día más en la sierra parda,
el almendro viste a sus ramas con su duelo,
veo correr al niño que dentro de mí mora
y con sus manos toma las hojas moteadas del cerezo,
a su corazón infantil descubriendo al mundo
que en su discurrir lleva uva y almendra,
una melodía dulce y enamorada
que lleva el cauce del río crecido y profundo,
a las flores nuevas de la primavera
que en el alma llevan aroma a romero.
Anochecer entre formas y oscurecer esos sentimientos que
son ramblas de arenada tristeza. el poema es bello en sus descrip-
ciones y deja como una densidad especial. excelente.
saludos amables de luzyabsenta
 

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