marquelo
Negrito villero
Mirar hacia los horizontes lejanos
a la inigualable música de tu hierba,
hacia el delfin que enseña a vivir
con sus brincos evitando las fatigas.
Juguemos
a pintar la noche para que descanse el día
juguemos a escondernos del mal
que fecundan las ciudades;
las manifestaciones verticales de los gritos
el asedio inconmensurable del asfalto.
Huyamos al verde canto del jilguero
a las transparencias místicas del rocío
y amémonos
bajo el manto dorado de algún dios
en una casa sin dilemas
ni rutinas.
El calor que prenden las hornillas
ese que baja por la eléctrica atmósfera del deseo
esa que nos envuelve
y nos quema
mostrándonos
siempre volcánicos
siempre destellantes al crepúsculo.
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