Nota para un niño arrugado

Luciano_olivera

Poeta recién llegado
De particular esta nota no tiene nada, salvo su pequeñez. La mente no para de dar vueltas y de hablarme al oído (desde adentro). Me empuja hacia el borde de la cama cuando estoy apunto de caer dormido.
Me acuerdo de lo frágil que soy y temo por la muerte de mis seres cercanos. Pero temo por mi cobardía ante la soledad, por mi egoísmo y mi dependencia y no por perderlos a ellos.
Mi miedo a la libertad es mi talón de Aquiles. Tal vez temo también a qué las cosas salgan bien, no sabría que hacer con esa felicidad. Sería como regalarle un jet privado a un ornitorrinco. O quizás sea una adicción a la tragedia y al drama. Tal vez sea que las cosas salen mal o no salen, directamente porque , a propósito, no paro de pisar el cordón desatado del zapato a mi adulto interior, que cae, explotando en un ruidoso y patético llanto que no me deja dormir ni tampoco estar realmente despierto.
Y los días son un patrón repetitivo, un bucle, un rulo de mi niño exterior que ya se agobia , no por la falta de juego, sino por haber olvidado como jugar. Y ese niño se va arrugando como ese dedo que se dejó olvidado en un vaso de agua durante horas. Se arruga por niño que que se vuelve viejo, pero sigue siendo niño. Niño no por su inocencia sino por su incapacidad de entender el mundo adulto. Niño no por su dulzura sino por su arrogancia y egoísmo. Dará este pequeño engendro con tos de cigarro, lugar al buen adulto interior, ansioso por salir al mundo? Tal vez así , este pueda recordarle al niño como jugar el juego de la vida y así reír hasta el cansancio, y al fin, poder dormir.
 
Interesante relato, alguna vez quisimos ser adultos, y por tanto nos queda ls lucha el día a día, la cotidianidad lo absurdo de los tiempos. Ayer pensaba en que se cortó la luz casi en todo mi país y los niños volvieron como antes a jugar a las calles, fue un paisaje hermoso ver eso.

Rescatar a nuestro niño interno y mimarlo es la consigna.


Un abrazo!
 
Me empuja hacia el borde de la cama cuando estoy a punto de caer dormido.
Me acuerdo de lo frágil que soy y temo por la muerte de mis seres cercanos. Pero temo por mi cobardía ante la soledad, por mi egoísmo y mi dependencia y no por perderlos a ellos.
Mi miedo a la libertad es mi talón de Aquiles. Tal vez temo también a que las cosas salgan bien, no sabría qué hacer con esa felicidad. Sería como regalarle un jet privado a un ornitorrinco. O quizás sea una adicción a la tragedia y al drama. Tal vez sea que las cosas salen mal o no salen, directamente porque, a propósito, no paro de pisar el cordón desatado del zapato a mi adulto interior, que cae, explotando en un ruidoso y patético llanto que no me deja dormir ni tampoco estar realmente despierto.
Y los días son un patrón repetitivo, un bucle, un rulo de mi niño exterior que ya se agobia, no por la falta de juego, sino por haber olvidado como jugar. Y ese niño se va arrugando como ese dedo que se dejó olvidado en un vaso de agua durante horas. Se arruga por niño que que se vuelve viejo, pero sigue siendo niño. Niño no por su inocencia sino por su incapacidad de entender el mundo adulto. Niño no por su dulzura sino por su arrogancia y egoísmo. Dará este pequeño engendro con tos de cigarro, lugar al buen adulto interior, ansioso por salir al mundo? Tal vez así, éste pueda recordarle al niño cómo jugar el juego de la vida y así reír hasta el cansancio, y al fin, poder dormir.

Recordar a ese niño es parte importante de ese constante crecimiento. Ayuda a entender.
Un saludo, Luciano.
 
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abrazo.bmp




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