Denisse Doyle
Poeta recién llegado
Un día cualquiera en mi vida rutinaria oí aquella melodía perdida en mi memoria, sonando de fondo… Inmediatamente, vino a mí una brisa fría advirtiendo la llegada del invierno, con ella trajo un extraño olor a mar impropio de la ciudad madrileña, me llegó un rayo de luz perdido entre las nubes grisáceas que me hizo observar la profundidad de la calle y en medio de los edificios lejanos, me pareció divisar una imagen de aquella playa. Entonces, veo ese reflejo dorado del sol en el mar, escucho el rumor de las olas y los niños jugar en la orilla, siento la arena caliente bajo mis pies y tu piel erizándose mientras recorría cada línea de tu tatuaje con la punta de mí dedo. Dejándome invadir por las ansias locas de mi cuerpo, que sólo deseaba tenerte más y más cerca a pesar de que tan sólo estabas a unos centímetros de mí en aquella toalla celeste. No prestaba ninguna atención a aquella melodía, estaba absorbida por las caricias de tu mano… Subiendo y bajando en mi piel.
De repente: Ya nada es lo mismo. En un pequeño instante, el sonido de un semáforo en verde me hizo perder de vista aquel oasis. El brillo dorado del agua era tan solo las luces de los coches a lo lejos; el rumor de las olas: el ruido del gentío a mi alrededor; la arena cálida: el frío viento contra mis manos.
No estoy en aquella playa, de la cual siquiera recuerdo el nombre, respiro profundamente, miro el reloj, sonrío de forma irónica y pienso en mi próximo destino mientras bajo las escaleras del metro. Aunque con una certeza: los momentos más intensos de mi vida no están inmortalizados en una foto. Porque cuando estás verdaderamente feliz compartiendo con alguien con quien eres tú mismo, no te das cuenta, pero es algo tan real que lo vives en plenitud. Entonces, La Vida, en un instante te lo revela y no tendrás una foto para rememorar aquellas horas mágicas sino tan solo melodías, olores o palabras que te harán regresar. Tristemente, aquellas imágenes que vengan a tu mente cual oasis en el desierto, al recorrer perdido y sin rumbo, serán simples y poderosas imágenes que no son menos que sentimientos perdidos en tu corazón, corazón con sed de revivirlas.
De repente: Ya nada es lo mismo. En un pequeño instante, el sonido de un semáforo en verde me hizo perder de vista aquel oasis. El brillo dorado del agua era tan solo las luces de los coches a lo lejos; el rumor de las olas: el ruido del gentío a mi alrededor; la arena cálida: el frío viento contra mis manos.
No estoy en aquella playa, de la cual siquiera recuerdo el nombre, respiro profundamente, miro el reloj, sonrío de forma irónica y pienso en mi próximo destino mientras bajo las escaleras del metro. Aunque con una certeza: los momentos más intensos de mi vida no están inmortalizados en una foto. Porque cuando estás verdaderamente feliz compartiendo con alguien con quien eres tú mismo, no te das cuenta, pero es algo tan real que lo vives en plenitud. Entonces, La Vida, en un instante te lo revela y no tendrás una foto para rememorar aquellas horas mágicas sino tan solo melodías, olores o palabras que te harán regresar. Tristemente, aquellas imágenes que vengan a tu mente cual oasis en el desierto, al recorrer perdido y sin rumbo, serán simples y poderosas imágenes que no son menos que sentimientos perdidos en tu corazón, corazón con sed de revivirlas.
Última edición: