Una pequeña espada
atrapa mi angustia,
la aquieta atándola a mi pecho.
Yo la absorbo toda
para que se diluya en mi cuerpo
y sea menos poderosa.
De vez en cuando viene,
a veces no sé por qué,
otras, reconozco su sombra
mucho antes de tenerla encima.
Sé que me metí en el pozo
sin que me lo pidieran
y que sola tendré que subir.
Las más de las veces
la vida me empuja dentro
sin darle mi permiso yo,
y también sola
me agarraré a sus paredes
para ver la luz de nuevo.
Cuando me siento en su brocal
y el sol me envuelve
el pozo sólo es un lugar
de donde sale agua fresca
y mi sed bebe.
Esos días la luz es preciosa,
todo asoma a mis ojos
con colores más nuevos,
y yo, que conozco el fondo del pozo,
disfruto de su ausencia
tanto como mis fuerzas pueden.
Todo me parece distinto,
lo conocido es como un buen amigo
que viene a verme,
no paro de mirar mi rutina
con cara nueva,
complaciéndome en ella.
Cuando cae la noche
la luna grita porque se ve en el pozo
y en la noche perdida,
pero de día,
las dos nos alegramos,
ella blanca en el cielo,
yo en el suelo
sentada entre la hierba
y enredada en el sol
que a ella vela.
atrapa mi angustia,
la aquieta atándola a mi pecho.
Yo la absorbo toda
para que se diluya en mi cuerpo
y sea menos poderosa.
De vez en cuando viene,
a veces no sé por qué,
otras, reconozco su sombra
mucho antes de tenerla encima.
Sé que me metí en el pozo
sin que me lo pidieran
y que sola tendré que subir.
Las más de las veces
la vida me empuja dentro
sin darle mi permiso yo,
y también sola
me agarraré a sus paredes
para ver la luz de nuevo.
Cuando me siento en su brocal
y el sol me envuelve
el pozo sólo es un lugar
de donde sale agua fresca
y mi sed bebe.
Esos días la luz es preciosa,
todo asoma a mis ojos
con colores más nuevos,
y yo, que conozco el fondo del pozo,
disfruto de su ausencia
tanto como mis fuerzas pueden.
Todo me parece distinto,
lo conocido es como un buen amigo
que viene a verme,
no paro de mirar mi rutina
con cara nueva,
complaciéndome en ella.
Cuando cae la noche
la luna grita porque se ve en el pozo
y en la noche perdida,
pero de día,
las dos nos alegramos,
ella blanca en el cielo,
yo en el suelo
sentada entre la hierba
y enredada en el sol
que a ella vela.