David Martinez Vilches
Amigo de la Poesía Clásica
Susurro silencioso y celestial.
Liberación del alma de ese cuerpo
que cuando te oye escapa de nosotros,
dejándonos placer en nuestro pecho.
Dulce lluvia salvaje de sonido.
Río fiero que hieres a la piedra.
Pequeñísima llama de apagado
azul y fuerte rojo por la leña.
Lira que por el viento eres rasgada.
Violín que nos repartes tu armonía.
Partitura que, llena toda entera
de insipiración, de mundo y poesía,
nos anegas la vida de belleza.
Música celestial, rosa más pura
sacada del Jardín del Paraíso
y enteramente llena de hermosura.
Liberación del alma de ese cuerpo
que cuando te oye escapa de nosotros,
dejándonos placer en nuestro pecho.
Dulce lluvia salvaje de sonido.
Río fiero que hieres a la piedra.
Pequeñísima llama de apagado
azul y fuerte rojo por la leña.
Lira que por el viento eres rasgada.
Violín que nos repartes tu armonía.
Partitura que, llena toda entera
de insipiración, de mundo y poesía,
nos anegas la vida de belleza.
Música celestial, rosa más pura
sacada del Jardín del Paraíso
y enteramente llena de hermosura.