Hoy te siento llegar a mi puerta
como un mar excitado de corrientes purpúreas y bellas,
que brotasen cuales campos de violetas
inundando toda esta tierra.
Te veo volando y preparando tu llegada,
aterrizando en las alas de gorriones hermanos
y retomando a su vez el vuelo
en el cuerpo obrero y cansado,
de las abejas que cargan con sus tesoros preciados.
Cual abeja incansable , te veo
preparar tu equipaje de estación,
amueblando así también el paisaje y el clima,
al verdor que se avecina
en la puesta a punto de tu traje.
Miro a través del frío polar de algunos árboles ,
como estos poco a poco se van desperezando
y arrancándose sus capas de nieve invernales.
Siento como si en el silencio glacial irrespirable,
crepitara chispeante una hoguera,
que derritiera con magia de un brillo impactante,
la melancolía que vistieran los paisajes.
Como si la luna se adormeciera
y las nubes en vez de opacar el cielo
traslucieran como espejos reflectores de felicidades,
de vida nueva y creciente,
de un andar libre y fascinante.
Borboteando con las fuentes de miles de copas
y gritando con los cantos de majestuosas aves,
brotando frondoso entre jardines de rosas
y tiñendo el paisaje tostado de lucientes albas celestiales.
Así se iba transmutando la transición de los hermanos,
uno que regresa con gélidos vientos,
otro que vuelve con abundantes llantos
y los dos siempre viajando
y transmitiendo las experiencias de su pasado.
Anhelando así también
un cambio en las vidas de la tierra,
en las moradas de los astros,
en los brazos y en las piernas de los hombres
que danzan resplandecientes y esperanzados.
Tal esperanza tengo yo en que el mundo enlace sus voces
como ecos de un mismo canto,
cuales pájaros ruiseñores, cuales poetas alados y cantores
que volasen en rumbo hermanado.
Así como lo hacen las corrientes de los mares
que desembocando en las olas rompen,
y acaban cicatrizando en las costas de las playas,
mojando la arena con sus roces.
Todo en un solo desenlace , todo en un único corte,
y en la espesura de esa sangre hermana
mezclar nuestras razas y nuestros nombres ,
aliviando nuestras penas en llantos de un Océano enorme.
Derrumbando en avalanchas, con el peso de esas rocas,
los prejuicios de los credos, las costumbres, los idiomas.
Y barriendo el cielo de las nubes que lo estorban,
con la escoba de los vientos,
que eleve entre el respirar de las gargantas, un suspiro de amapolas.
Y así, comprobar en mi el metamorfoseo,
cambiar con el tiempo, crecer con las hojas,
renovar las raíces de mi pecho,
para unirlas al confín del mundo que las nombra.
como un mar excitado de corrientes purpúreas y bellas,
que brotasen cuales campos de violetas
inundando toda esta tierra.
Te veo volando y preparando tu llegada,
aterrizando en las alas de gorriones hermanos
y retomando a su vez el vuelo
en el cuerpo obrero y cansado,
de las abejas que cargan con sus tesoros preciados.
Cual abeja incansable , te veo
preparar tu equipaje de estación,
amueblando así también el paisaje y el clima,
al verdor que se avecina
en la puesta a punto de tu traje.
Miro a través del frío polar de algunos árboles ,
como estos poco a poco se van desperezando
y arrancándose sus capas de nieve invernales.
Siento como si en el silencio glacial irrespirable,
crepitara chispeante una hoguera,
que derritiera con magia de un brillo impactante,
la melancolía que vistieran los paisajes.
Como si la luna se adormeciera
y las nubes en vez de opacar el cielo
traslucieran como espejos reflectores de felicidades,
de vida nueva y creciente,
de un andar libre y fascinante.
Borboteando con las fuentes de miles de copas
y gritando con los cantos de majestuosas aves,
brotando frondoso entre jardines de rosas
y tiñendo el paisaje tostado de lucientes albas celestiales.
Así se iba transmutando la transición de los hermanos,
uno que regresa con gélidos vientos,
otro que vuelve con abundantes llantos
y los dos siempre viajando
y transmitiendo las experiencias de su pasado.
Anhelando así también
un cambio en las vidas de la tierra,
en las moradas de los astros,
en los brazos y en las piernas de los hombres
que danzan resplandecientes y esperanzados.
Tal esperanza tengo yo en que el mundo enlace sus voces
como ecos de un mismo canto,
cuales pájaros ruiseñores, cuales poetas alados y cantores
que volasen en rumbo hermanado.
Así como lo hacen las corrientes de los mares
que desembocando en las olas rompen,
y acaban cicatrizando en las costas de las playas,
mojando la arena con sus roces.
Todo en un solo desenlace , todo en un único corte,
y en la espesura de esa sangre hermana
mezclar nuestras razas y nuestros nombres ,
aliviando nuestras penas en llantos de un Océano enorme.
Derrumbando en avalanchas, con el peso de esas rocas,
los prejuicios de los credos, las costumbres, los idiomas.
Y barriendo el cielo de las nubes que lo estorban,
con la escoba de los vientos,
que eleve entre el respirar de las gargantas, un suspiro de amapolas.
Y así, comprobar en mi el metamorfoseo,
cambiar con el tiempo, crecer con las hojas,
renovar las raíces de mi pecho,
para unirlas al confín del mundo que las nombra.
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