Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
La mujer de ojos ámbar despojados de toda ternura,
esperó con destellos de furia en su fosca mirada.
En el andén, muy segura, sin dar lugar a ninguna
furia ,aplacada ella esperaba.
Las delgadas manos retorcían esa nota apenas ocultada.
Su delgada figura imponía la condenación eterna.
El, con desusado entusiasmo,arribó con premura,
y al borrársele la ansiedad, también se le borró la sonrisa.
Su cuerpo alto y confuso mintió al detenerse.
La carta delatora muy apretada era horrenda.
Cruzaron silentes, crueles miradas y ya no hizo
falta ni la verguenza, ni la confesión. No hizo falta
más nada para lograr su prematura muerte.
esperó con destellos de furia en su fosca mirada.
En el andén, muy segura, sin dar lugar a ninguna
furia ,aplacada ella esperaba.
Las delgadas manos retorcían esa nota apenas ocultada.
Su delgada figura imponía la condenación eterna.
El, con desusado entusiasmo,arribó con premura,
y al borrársele la ansiedad, también se le borró la sonrisa.
Su cuerpo alto y confuso mintió al detenerse.
La carta delatora muy apretada era horrenda.
Cruzaron silentes, crueles miradas y ya no hizo
falta ni la verguenza, ni la confesión. No hizo falta
más nada para lograr su prematura muerte.
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