gustavodavidvarela
Poeta recién llegado
Oculus
Me acerqué a la bitácora buscando inspiración alguna. Café caliente, lapicera en mano.
Pensé en escribir sobre el tiempo, concepto tan efímero pero tan fácil de explotar.
Pero no lo entendía, ergo no podía escribir sobre algo que no entendía.
También pensé en escribir acerca de la libertad, más no podía escribir sobre algo que no poseía.
Entonces me acordé.
Me acordé de tus ojos.
Recordé tu mirada, espada que penetra hasta el corazón más endurecido.
¡Tus ojos!, esos sí que eran la ventana de tu alma.
Ojos exageradamente profundos.
Tan profundos que por momentos, al mirarte, creía estar parado frente al extenso y oscuro cosmos.
Siempre tuve claro que en esos ojos estaba el secreto para encontrar la paz.
Ojos que me salvaron la vida en más de una ocasión. Ojos en los que supe encontrar mi reflejo.
Sensibles al corazón, propio como ajeno, a los sentimientos. Empáticos. Risueños. Cautivadores.
Mirada tierna, compasiva.
¿Cómo no llorar recordando tus ojos? ¿Cómo no extrañar esa mirada?
Terminando estos versos fue que lo entendí.
Tus ojos eran magia.
Magia que aún habita en mis retinas, en mis manos, en mis dedos.
Magia que estaba haciendo que escribiera, sobre algo que no entendía.
Sobre algo, que ya no tenía.
https://drive.google.com/open?id=1g689vmo6WfEBU2X8DYxOWHmvUuOjw_JY
Me acerqué a la bitácora buscando inspiración alguna. Café caliente, lapicera en mano.
Pensé en escribir sobre el tiempo, concepto tan efímero pero tan fácil de explotar.
Pero no lo entendía, ergo no podía escribir sobre algo que no entendía.
También pensé en escribir acerca de la libertad, más no podía escribir sobre algo que no poseía.
Entonces me acordé.
Me acordé de tus ojos.
Recordé tu mirada, espada que penetra hasta el corazón más endurecido.
¡Tus ojos!, esos sí que eran la ventana de tu alma.
Ojos exageradamente profundos.
Tan profundos que por momentos, al mirarte, creía estar parado frente al extenso y oscuro cosmos.
Siempre tuve claro que en esos ojos estaba el secreto para encontrar la paz.
Ojos que me salvaron la vida en más de una ocasión. Ojos en los que supe encontrar mi reflejo.
Sensibles al corazón, propio como ajeno, a los sentimientos. Empáticos. Risueños. Cautivadores.
Mirada tierna, compasiva.
¿Cómo no llorar recordando tus ojos? ¿Cómo no extrañar esa mirada?
Terminando estos versos fue que lo entendí.
Tus ojos eran magia.
Magia que aún habita en mis retinas, en mis manos, en mis dedos.
Magia que estaba haciendo que escribiera, sobre algo que no entendía.
Sobre algo, que ya no tenía.
https://drive.google.com/open?id=1g689vmo6WfEBU2X8DYxOWHmvUuOjw_JY