El “clavo” invade mi mesa,
su intenso rojo destaca entre los libros
haciendo que una y otra vez
mis ojos
y mi olfato
se prendan en su soledad
dentro del agua.
Hice que pasara esta mañana
de la terraza a mi cuarto,
y separado de su mata de lancitas
inunda mi alma
de su olor fuerte y olvidado
tanto tiempo,
que me sorprende recordarlo.
A veces pienso
que intento trasladar el sur al norte
para que mi alma se calme
y no llore siempre,
trasladar en una maceta
toda la luz que me falta
para que haga de foco
en las tardes largas
que llegan hasta el alba.
Vivo en el norte con el sur dentro
atrapando cada día
la luz que pinto de rojo,
los claveles
que lloran en mi terraza,
tu lejanía de agua,
con sólo el Guadalquivir en su seno,
en mi pensamiento,
me atrapan fuerte.
Añoro tu fuego,
mi cuerpo a la sombra,
el olor intenso las cosas,
el ruido de la alberca rebosando,
y el sosiego que anega despacio mi cuerpo.
su intenso rojo destaca entre los libros
haciendo que una y otra vez
mis ojos
y mi olfato
se prendan en su soledad
dentro del agua.
Hice que pasara esta mañana
de la terraza a mi cuarto,
y separado de su mata de lancitas
inunda mi alma
de su olor fuerte y olvidado
tanto tiempo,
que me sorprende recordarlo.
A veces pienso
que intento trasladar el sur al norte
para que mi alma se calme
y no llore siempre,
trasladar en una maceta
toda la luz que me falta
para que haga de foco
en las tardes largas
que llegan hasta el alba.
Vivo en el norte con el sur dentro
atrapando cada día
la luz que pinto de rojo,
los claveles
que lloran en mi terraza,
tu lejanía de agua,
con sólo el Guadalquivir en su seno,
en mi pensamiento,
me atrapan fuerte.
Añoro tu fuego,
mi cuerpo a la sombra,
el olor intenso las cosas,
el ruido de la alberca rebosando,
y el sosiego que anega despacio mi cuerpo.