ivoralgor
Poeta fiel al portal
Se oía el rugir del mar y el sol iluminaba mi rostro pálido. Sé que no volverás, decía Julieta cuando me arrancaba un beso quieto. Dejé que las blancas arenas devoraran las lágrimas que caían en vilo. Un suspiro hondo salió de mis entrañas y bajé la cabeza. Déjala, por favor déjala, me repetía Julieta suplicando y no le hacía caso. Sequé mis lágrimas y retomé mi andar. Fui al encuentro de Mariana. No reparé en la ausencia de Julieta. Entré en la habitación del motel y me recosté en la cama. Mariana jamás llegó. Regresé para escuchar el rugir del mar. Era de noche. Me desnudé y entré al mar. Nadé hacia el horizonte, nadé hasta el cansancio. Me dejé engullir por la inmensidad y el dolor. La luna lucía opaca y las estrellas a medio resplandor. Siempre pensé que mi vida era opaca, sin resplandor. Dejé de respirar en el silencio de la profundidad y la luna aún lucía opaca.
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