Orh
Delante la vida está
de la muerte prisionera,
en una celda sin llave
perennemente entreabierta.
Cuando los ojos perdidos
miran derredor del tiempo,
si las palabras volaran
no las llevaría el viento.
Inclinándose ante ti,
el alma se despereza,
en mañanas de noviembre
cuando reina la tristeza.
Cuan absurdo se hace todo,
ni las hienas tienen hambre.
Nunca apetece comer
al tratarse de una madre.
Darío Méndez
Delante la vida está
de la muerte prisionera,
en una celda sin llave
perennemente entreabierta.
Cuando los ojos perdidos
miran derredor del tiempo,
si las palabras volaran
no las llevaría el viento.
Inclinándose ante ti,
el alma se despereza,
en mañanas de noviembre
cuando reina la tristeza.
Cuan absurdo se hace todo,
ni las hienas tienen hambre.
Nunca apetece comer
al tratarse de una madre.
Darío Méndez