Banderas que no dicen nada,
palabras de honor inexistentes,
rosas de plata concebidas al azar,
entrañas concebidas en el centro del vientre.
Osas que de mayores solo piensan en su infancia,
telas esparcidas al azar sin juicio,
caricias ásperas de un año nuevo
que suavizan las manos presas del instinto.
Que bien y que mal
los cielos y el infierno.
Que pena que no se pueda elegir primero.
Darío Méndez
palabras de honor inexistentes,
rosas de plata concebidas al azar,
entrañas concebidas en el centro del vientre.
Osas que de mayores solo piensan en su infancia,
telas esparcidas al azar sin juicio,
caricias ásperas de un año nuevo
que suavizan las manos presas del instinto.
Que bien y que mal
los cielos y el infierno.
Que pena que no se pueda elegir primero.
Darío Méndez