BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
En las madrigueras de la tierra,
donde todo oscuramente se tropieza,
raíces leñosas que abarcan un mundo
inmóvil, de larvas y cápsulas,
de insectos mutilados y frecuencias dilatadas,
ásperos murmullos de agua
crecen entorno, como un musgo abierto.
Detrás de la vida, impasible y fugaz,
violenta y fragmentada del día, está esa vida inasible
que transcurre entre dulces letargos mórbidos,
tenues movimientos imperceptibles.
Un imperio de cortezas estáticas que se avecina
tomando el relevo en los resquicios humeantes:
orificios terrosos, toperas inmutables, chimeneas
abandonadas por antiguos animales.
Alas de pájaro sepultadas en la arena,
entre visibles excrementos de aves nocturnas,
sonoros aullidos de fértiles frondas recuperadas.
En la tierra se escuchan nuevos sonidos
de hojas golpeteadas por la lluvia, que elevan
el polvo acumulado en el suelo, y patios cercanos,
de los que alzan el vuelo, pequeños cernícalos y colibríes
desmedidos.
Yo voy tranquilo, desmitificando esa luz artificial.
Luz fría de vidrio intenso, de vitral dogmático
que perpetua el exilio profundo de los bosques.
Mientras la sangre deja huecos en los pies calcinados-.
©
donde todo oscuramente se tropieza,
raíces leñosas que abarcan un mundo
inmóvil, de larvas y cápsulas,
de insectos mutilados y frecuencias dilatadas,
ásperos murmullos de agua
crecen entorno, como un musgo abierto.
Detrás de la vida, impasible y fugaz,
violenta y fragmentada del día, está esa vida inasible
que transcurre entre dulces letargos mórbidos,
tenues movimientos imperceptibles.
Un imperio de cortezas estáticas que se avecina
tomando el relevo en los resquicios humeantes:
orificios terrosos, toperas inmutables, chimeneas
abandonadas por antiguos animales.
Alas de pájaro sepultadas en la arena,
entre visibles excrementos de aves nocturnas,
sonoros aullidos de fértiles frondas recuperadas.
En la tierra se escuchan nuevos sonidos
de hojas golpeteadas por la lluvia, que elevan
el polvo acumulado en el suelo, y patios cercanos,
de los que alzan el vuelo, pequeños cernícalos y colibríes
desmedidos.
Yo voy tranquilo, desmitificando esa luz artificial.
Luz fría de vidrio intenso, de vitral dogmático
que perpetua el exilio profundo de los bosques.
Mientras la sangre deja huecos en los pies calcinados-.
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