Otoño y tu silencio

Fingal

Poeta adicto al portal


Pronto será la lluvia umbría,
despiadada,
reclama la frágil sonrisa
de recuerdos que no fueron,
tu puñado de palabras
ya agotadas,
caramelos de enero y cabalgata,
ya silencio.

Pronto el verde de las moreras
se arrojará a los caminos
a morir amarillo su promesa de renacimiento.
Y no, las ramas desnudas
no cobijan de un cielo tan ausente de cielo,
el cielo y tu silencio.

Se partieron los violines con la intensidad de mi demanda,
se partieron,
todo el orgullo de los glaciares suspendido,
toda la médula arañada de los acantilados,
y tu silencio,
se partieron,
tu silencio firme y compasivo,
tu silencio sincero como el rojo de los ladrillos.

Me pesa nuestro nunca en las rodillas,
tu mirada larga de estrella que no sabe que murieron,
me pesa la entraña dilatada en el vértigo de tu carne,
me pesa y se partieron, tu silencio.

Podríamos haber saqueado de pecados el infierno,
arrebatar a los dioses la salvación humana,
la especulación del alma,
podríamos…
si no fuera tu silencio,
la verdad y tu silencio,
la verdad enhiesta en las constelaciones de dunas.

Me quedo al otro extremo del silencio,
en la penumbra de tus párpados,
en las palabras que no significan nada
y lo significan todo.

Pronto será la lluvia umbría y despiadada
y yo
la recibo en mi boca desbordada de ponzoñas.




Álvaro del Prado Millán,
Galapagar/Madrid, 1 de noviembre de 2016
© Todos los derechos reservados.
 
Última edición:


Pronto será la lluvia umbría,
despiadada,
reclama la frágil sonrisa
de recuerdos que no fueron,
tu puñado de palabras
ya agotadas,
caramelos de enero y cabalgata,
ya silencio.

Pronto el verde de las moreras
se arrojará a los caminos
a morir por siempre su promesa de renacimiento.
¡Ah!, las ramas desnudas
no cobijan de un cielo tan ausente de cielo,
el cielo y tu silencio.

Se partieron los violines con la intensidad de mi demanda,
se partieron,
todo el orgullo de los glaciares suspendido,
toda la médula arañada de los acantilados,
y tu silencio,
se partieron,
tu silencio firme y compasivo,
tu silencio sincero como el rojo de los ladrillos.

Me pesa nuestro nunca en las rodillas,
tu mirada larga de estrella que no sabe que murieron,
me pesa la entraña dilatada en el vértigo de tu carne,
me pesa y se partieron, tu silencio.

Podríamos haber saqueado de pecados el infierno,
arrebatar a los dioses la salvación humana,
la especulación del alma,
podríamos…
si no fuera tu silencio,
la verdad y tu silencio,
la verdad enhiesta en las constelaciones de dunas.

Me quedo al otro extremo del silencio,
en la penumbra de tus párpados,
en las palabras que no significan nada
y lo significan todo.

Pronto será la lluvia umbría y despiadada
y yo
la recibo en mi boca desbordada de ponzoñas.




Álvaro del Prado Millán,
Galapagar/Madrid, 1 de noviembre de 2016
© Todos los derechos reservados.

Detectar ese otoño de naturaleza perdida y prender
en el la memoria de un recuerdo amoroso que
pudo ser sueño absoluto.
el poema genera atraccion conforme se avanza en
lectura al drenar una masa de sentimientos que
son espuma para el alma.
magnifico. felicidades. luzyabsenta
 
Detectar ese otoño de naturaleza perdida y prender
en el la memoria de un recuerdo amoroso que
pudo ser sueño absoluto.
el poema genera atraccion conforme se avanza en
lectura al drenar una masa de sentimientos que
son espuma para el alma.
magnifico. felicidades. luzyabsenta

Gracias, luzyabsenta. Las estaciones me afectan y al llegada del otoño me suele poner melancólico y triste.
 

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