De otorgar tanto me quede mudo,
sus oídos me pedían una dosis de versos,
quería escuchar algunas estrofas donde ella era la musa,
sus labios me pedían y me volvía a pedir alegorías,
de tanto esperar unas cuentas palabras de mi boca,
su oído se apagó, sus orejas desconecto,
ella fue cómplice de su propio error,
por mirar fijamente mis labios, buscando la miel,
no se dio cuenta de que todo lo que me pidió,
se lo había dejado escrito en papel.
sus oídos me pedían una dosis de versos,
quería escuchar algunas estrofas donde ella era la musa,
sus labios me pedían y me volvía a pedir alegorías,
de tanto esperar unas cuentas palabras de mi boca,
su oído se apagó, sus orejas desconecto,
ella fue cómplice de su propio error,
por mirar fijamente mis labios, buscando la miel,
no se dio cuenta de que todo lo que me pidió,
se lo había dejado escrito en papel.