La niña está dormida
con su cielo vestido de flores,
el rey del rosal aun no llega
pero ella lo espera con sus manos
atadas a un manojo de ilusiones.
Ha llenado su altar de capullos,
Esperanzada, anhela verlo llegar
con agua fresca en sus palabras
y ocres botas prestas a caminar.
La niña ve su sol escaparse
tras la imponente luna , sin más,
más en su ingenuidad aun espera
lo que nunca ha de llegar.
La noche cubre su cabeza
como el manto de la muerte a su presa,
la piel de la niña se arruga
como la corrupción a las hojas secas.
Los ojos dormidos y yermos
yacen muertos en un mundo incierto
entre hienas y espinas en el viento,
entre penumbras , el mal y el movimiento...
La niña no puede espera más
A ese ser que habita en sus sueños.