Palabras muertas

Kazor

Poeta adicto al portal
Los poetas son los guardianes de un cementerio hecho de palabras.

Un cementerio sin flores, sin lápidas, sin nombres. Vacío.

Tan solo existe la tortura del lenguaje.

Escribir sobre el amor, el odio, la locura, el ser humano, las cosas,

convierte al poeta en un carcelero.

¿Tendrá la llave? ¿Podrá librarse la palabra del lenguaje?

¿Será el poeta quien la liberé?

Quién sabe.

Las luces no confirman nada y las sombras son palabras muertas.

Para que decir algo, escribir algo

si algo no es algo.

Para que funcionar.


El hecho no conlleva una acción

y a veces las palabras accionan lo real.

Pero solo a veces.

La mayoría de las palabras nos pertenecen,

es decir, son nuestras. El mundo no tiene nada que ver con ellas.

La mayoría de las palabras nos mienten,

es decir, nos mentimos. El mundo no sabe mentir.

En realidad la ruptura empieza aquí,

cuando te das cuenta de que todo lo que escribes es una mentira,

al menos te consuelas. Es tu mentira,

y lo peor de todo: los demás creen en ella.

Así que los poetas son unos guardianes mentirosos

de un cementerio hecho de mentiras.

Hay quién dice que por lo menos queda el silencio.

El problema es que a veces el silencio lo dice todo

y el dolor viene cuando no entendemos nada.
 
Los poetas son los guardianes de un cementerio hecho de palabras.

Un cementerio sin flores, sin lápidas, sin nombres. Vacío.

Tan solo existe la tortura del lenguaje.

Escribir sobre el amor, el odio, la locura, el ser humano, las cosas,

convierte al poeta en un carcelero.

¿Tendrá la llave? ¿Podrá librarse la palabra del lenguaje?

¿Será el poeta quien la liberé?

Quién sabe.

Las luces no confirman nada y las sombras son palabras muertas.

Para que decir algo, escribir algo

si algo no es algo.

Para que funcionar.


El hecho no conlleva una acción

y a veces las palabras accionan lo real.

Pero solo a veces.

La mayoría de las palabras nos pertenecen,

es decir, son nuestras. El mundo no tiene nada que ver con ellas.

La mayoría de las palabras nos mienten,

es decir, nos mentimos. El mundo no sabe mentir.

En realidad la ruptura empieza aquí,

cuando te das cuenta de que todo lo que escribes es una mentira,

al menos te consuelas. Es tu mentira,

y lo peor de todo: los demás creen en ella.

Así que los poetas son unos guardianes mentirosos

de un cementerio hecho de mentiras.

Hay quién dice que por lo menos queda el silencio.

El problema es que a veces el silencio lo dice todo

y el dolor viene cuando no entendemos nada.
los poemas somos de todos, por ejemplo de mí dicen que estoy loco, otros que soy paranoico y otras que soy un hidalgo. en fin.. un gusto leerte.
y lo que siempre me pregunto, ¿por qué no tuvo comentario esta publicación?
 

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