Enrique Romero
Poeta recién llegado
Te pienso en desvelos,
y en el sueño
me desprendo de mi mismo
como un suspiro apartado.
No estoy volando, estoy perdido.
Poco importa, no hay camino.
Se fue muriendo el vergel
de tulipanes que cuidamos.
Nos invadió el rumor húmedo
de los arroyos
que nacen desde el oeste,
desde los cerros pardos,
y humedeció las fabricas
de nuestros sueños.
Y yo me fui lentamente apagando
como la luz en el alba naciente,
como un molusco purpura
que se encierra en si mismo,
para ser oscuridad entera.
Espiral inacabable
que guardas intocable
sus retazos de impronta,
ósculos marchitos
que se hacen y deshacen
en el recuerdo de la infancia,
tilos de la memoria
abejas como destellos
que absorben el liquen
de los panales de mi soledad,
ya de su esencia infinita
no queda mas que el sentimiento
que se sostiene con líneas nerviosas,
amapolas aun rebosantes de emociones,
los nombres te reemplazaron,
nombres vacíos con los que invente estanques
y las fuentes donde tu grácil garabato
se recostaba a silbar.
No hubo trino ni aguacero
mientras me reclinaba en tu corola
de ceniza, el viento y su tibio resonar
en mis mejillas, y la intensa luz
que se levantaba con el alba,
relucían a través de ti,
exhalabas de repente
el rumor de las estrellas,
y mi corazon reconocia
ese eterno llamado
que no discernía
en la naturaleza ni en la razón.
Oh!! Que fuiste tu,
vida o muerte,
mineral primigenio o fuego
patria de sentires infinitos,
donde mi corazon se deshilvanaba
y se rehacía, airoso
Ya no hubo nada,
no tenia que haber mas.
La vida debió acabar allí,
consumada, reconciliada por fin
con su inexorable destino.
y en el sueño
me desprendo de mi mismo
como un suspiro apartado.
No estoy volando, estoy perdido.
Poco importa, no hay camino.
Se fue muriendo el vergel
de tulipanes que cuidamos.
Nos invadió el rumor húmedo
de los arroyos
que nacen desde el oeste,
desde los cerros pardos,
y humedeció las fabricas
de nuestros sueños.
Y yo me fui lentamente apagando
como la luz en el alba naciente,
como un molusco purpura
que se encierra en si mismo,
para ser oscuridad entera.
Espiral inacabable
que guardas intocable
sus retazos de impronta,
ósculos marchitos
que se hacen y deshacen
en el recuerdo de la infancia,
tilos de la memoria
abejas como destellos
que absorben el liquen
de los panales de mi soledad,
ya de su esencia infinita
no queda mas que el sentimiento
que se sostiene con líneas nerviosas,
amapolas aun rebosantes de emociones,
los nombres te reemplazaron,
nombres vacíos con los que invente estanques
y las fuentes donde tu grácil garabato
se recostaba a silbar.
No hubo trino ni aguacero
mientras me reclinaba en tu corola
de ceniza, el viento y su tibio resonar
en mis mejillas, y la intensa luz
que se levantaba con el alba,
relucían a través de ti,
exhalabas de repente
el rumor de las estrellas,
y mi corazon reconocia
ese eterno llamado
que no discernía
en la naturaleza ni en la razón.
Oh!! Que fuiste tu,
vida o muerte,
mineral primigenio o fuego
patria de sentires infinitos,
donde mi corazon se deshilvanaba
y se rehacía, airoso
Ya no hubo nada,
no tenia que haber mas.
La vida debió acabar allí,
consumada, reconciliada por fin
con su inexorable destino.