JULIÁN ZINA
Poeta recién llegado
Este es un canto son limaduras.
Canto para vosotros, compañeros de mundo,
compañeros de arcilla y soledad.
Vengo con él desde hace mucho tiempo:
desde sobre la tierra ¡ tan espantosamente armada
para la paz!
Ya no se puede andar por los rincones
acumulando lágrimas y sílabas, destinadas
a rellenar el hueco de la angustia.
Os traigo amasada en polvo y sangre la primicia
de un corazón.
¡Escuchad!
Por el dolor y la dicha de nuestras horas,
por la necesidad de este reencuentro,
escuchad:
unidos estamos todavía por un inevitable
parentesco de tierra,
somos aquí,
puntales de este cielo
sostenido con fe bajo los garrotazos de Dios;
molienda humana reflorecida en lirios de quincenas,
con la sublime obligación de ser
hasta la orilla oscura de la muerte.
Yo he recorrido, a tientas casi, el agujero
de la noche; descendí por la escala
de un dolor hasta el fondo del alma; rasgué mi piel
en el áspero círculo de los que sufren;
y junto con la rosa de mi sangre
restañe la esperanza.
Hoy puedo hablar conmigo pecho a pecho.
Puedo cantar ahora
sin pasión y sin lástima,
sin temor y sin lástima,
de verdad y sin lástima
por que al mundo falsificado de los símbolos,
he preferido ese otro que se lleva
duramente forjado en las entrañas.
Así se hace:
tiempo de perecer
no paga el tiempo de cosechar las lágrimas vertidas.
Corazón de payaso, barnizado de historia,
os traigo amasada en polvo y sangre la primicia
de mi canción.
Escuchad;
es necesario andar;
por el camino, nos espera la fuerza para el viaje.
Yo sé que el cielo sabe y se que un día
no será de noche en torno;
ni tan distante Dios ¡y sin garrote!
y sé, que será el circulo completo
cuando sean los hombres discípulos del Hombre
y cerremos el círculo con Dios por epicentro.
Y nada más de ideas de Libertad:
¡todos somos esclavos de la tierra!
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Canto para vosotros, compañeros de mundo,
compañeros de arcilla y soledad.
Vengo con él desde hace mucho tiempo:
desde sobre la tierra ¡ tan espantosamente armada
para la paz!
Ya no se puede andar por los rincones
acumulando lágrimas y sílabas, destinadas
a rellenar el hueco de la angustia.
Os traigo amasada en polvo y sangre la primicia
de un corazón.
¡Escuchad!
Por el dolor y la dicha de nuestras horas,
por la necesidad de este reencuentro,
escuchad:
unidos estamos todavía por un inevitable
parentesco de tierra,
somos aquí,
puntales de este cielo
sostenido con fe bajo los garrotazos de Dios;
molienda humana reflorecida en lirios de quincenas,
con la sublime obligación de ser
hasta la orilla oscura de la muerte.
Yo he recorrido, a tientas casi, el agujero
de la noche; descendí por la escala
de un dolor hasta el fondo del alma; rasgué mi piel
en el áspero círculo de los que sufren;
y junto con la rosa de mi sangre
restañe la esperanza.
Hoy puedo hablar conmigo pecho a pecho.
Puedo cantar ahora
sin pasión y sin lástima,
sin temor y sin lástima,
de verdad y sin lástima
por que al mundo falsificado de los símbolos,
he preferido ese otro que se lleva
duramente forjado en las entrañas.
Así se hace:
tiempo de perecer
no paga el tiempo de cosechar las lágrimas vertidas.
Corazón de payaso, barnizado de historia,
os traigo amasada en polvo y sangre la primicia
de mi canción.
Escuchad;
es necesario andar;
por el camino, nos espera la fuerza para el viaje.
Yo sé que el cielo sabe y se que un día
no será de noche en torno;
ni tan distante Dios ¡y sin garrote!
y sé, que será el circulo completo
cuando sean los hombres discípulos del Hombre
y cerremos el círculo con Dios por epicentro.
Y nada más de ideas de Libertad:
¡todos somos esclavos de la tierra!
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