Évano
Libre, sin dioses.
El avance del tiempo, regido por los ciclos de la luna, es el verdadero ritmo de la humanidad, por mucho que el hombre intente manipular a la naturaleza. El paso de este tiempo va depositando y adhiriendo, con razones de peso y férreas cadenas, las ideas y el conocimiento de la sociedad en la que uno se halla, después de despejar a los ojos de la vista adolescente y dejar entrar a una verdad desalentadora: la de la hucha del sexo femenino y la de la música de zambomba que antecede a las ansias de poder del hombre. Nada importa sino esto; lo demás son simples adornos con los que se viste la mona.
Por los pasillos, calles y callejuelas del hemisferio izquierdo del cerebro, la lógica está siendo tan intervenida, desde el exterior, que toda conclusión de todo individuo termina en salidas comunes, en soluciones similares para la humanidad intervenida. Sólo la posible fuerza y el contrarresto del hemisferio derecho ofrecerá alguna esperanza. Es ahí donde debemos refugiarnos de estos ataques disparados para controlarnos. Es este el lado abstracto del mundo, donde podemos tallar a la imaginación y la fantasía. Pero antes, habremos de haber derruido los muros que los contienen, esas ligaduras al miedo, temor, preocupaciones, responsabilidad y demás complejos, que son las balas que utilizan contra nosotros, contra el individuo, contra la oveja que intenta abandonar a ese rebaño gobernado por unos lobos insaciables de poder, de dinero, de someter, de torturar, de castigar, de asesinar. Es este el lado que forja las soluciones inesperadas, las fórmulas ideadas y utilizadas por nuestros ancestros ante las adversidades con las que se encontraron, le otorgaban a este hemisferio, por tanto, el máximo valor. Le confiaban la vida misma. De ahí el siempre avanzar de la humanidad, sus logros e inventos para el bienestar común, hasta nuestros días. De ahí las barricadas de nuestros antepasados contra los lobos.
Pero es ahora, que a penas le damos trabajo a realizar, cuando la inteligencia común de hombres y mujeres desciende, a causa del no peligro inminente, del futuro más o menos clarificado y de la ración necesaria que arrojan como limosna al rebaño. Sino hay peligro y aventura en nuestra vida, acabaremos como unos simples autómatas, autómatas manejados a una distancia tan cercana que no nos damos cuenta. Pronto no hará ninguna falta el invento y construcción de robots, pues no habrá ninguno más perfecto y más barato que nosotros mismos.
Que nuestra casa sea el mundo regido por los hemisferios del lado derecho de la mente. Que los números sean solo eso, números; y las propiedades, siluetas que algún día desaparecerán con las carnes y los huesos. Que nuestras almas no partan hacia cielos ni infiernos, sino que sean testigos que recojan otros através del paso de los milenios, hasta ser depositadas en esa meta común: La Sabiduría Universal, que será la suma de la unión de las almas.
Un alma, al fin y al cabo, no es más que la esencia del conocimiento adquirido en una vida: la esencia del conocimiento del amor, del odio, de la avaricia, de la solidaridad y todas esas distintas sensaciones que tuvimos en nuestro tiempo. Un alma es el resultado de lo que hemos sido, y, la meta, será esa única ánima común que albergue a las que recorrieron esta vida durante cualquier época.

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