Gonvedo
Poeta asiduo al portal
Imagina la muerte
como un pájaro que el tiempo destruye,
o una noche vacía y ya vencida.
La noche como un sueño interminable
a la sombra de un somnífero y esa ceguera
en forma de ceniza. Acaso la orfandad
que hemos heredado.
Hay torres que caen sobre el espejo convexo
de los labios, borrosa caligrafía en la lejanía
de las selvas, y la tarde que se hace cosecha
ardiendo.
Yo te cubro, entonces con mis versos,
y te digo amor mientras escribo,
y mi corazón cambia de sitio
porque mi tacto piensa que te has ido.
Si aún sigues aquí, hazme una señal que yo entienda,
muéstrate en tu sombra de coral y anclas,
y quiébrame por mi costado por donde ha de manar
el agua. Que mis palabras no se queden al borde
de tu olvido, ni tu mirada dibuje sombras de ausencia.
Hay días que me siento más cerca de tu alma,
que me llama por mi sangre. Sé tú el pecho
que me colme, el latido que me empuje,
la mano que me construya, el sepulcro que me acoja.
como un pájaro que el tiempo destruye,
o una noche vacía y ya vencida.
La noche como un sueño interminable
a la sombra de un somnífero y esa ceguera
en forma de ceniza. Acaso la orfandad
que hemos heredado.
Hay torres que caen sobre el espejo convexo
de los labios, borrosa caligrafía en la lejanía
de las selvas, y la tarde que se hace cosecha
ardiendo.
Yo te cubro, entonces con mis versos,
y te digo amor mientras escribo,
y mi corazón cambia de sitio
porque mi tacto piensa que te has ido.
Si aún sigues aquí, hazme una señal que yo entienda,
muéstrate en tu sombra de coral y anclas,
y quiébrame por mi costado por donde ha de manar
el agua. Que mis palabras no se queden al borde
de tu olvido, ni tu mirada dibuje sombras de ausencia.
Hay días que me siento más cerca de tu alma,
que me llama por mi sangre. Sé tú el pecho
que me colme, el latido que me empuje,
la mano que me construya, el sepulcro que me acoja.