Angel Felibre
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mis pisadas hollaban el camino y, mis pies, sobre el firme polvoriento, saltos de gorrión, pasos de paloma, dejaban impresa su huella sin pausa. Entre las densas copas de los árboles un intenso aletear; cientos de aves ponían música de fondo. Trinos y gorjeos que deleitaban mis paseos. Rumor de hojas susurrantes, rumor, murmullo de agua, fresco murmullo, arrullo de palomas, dulce arrullo, flor de los caminos, sencilla flor. Y yo seguía caminando solo, haciendo vía, haciendo sendero, oyendo mis pasos amortiguados por el polvo y la hierba del verde suelo.La tarde declinaba lentamente. Un piélago de sombras avanzaba amenazando mi paz, su negrura llenándome de zozobra y temor.Las brumas de la noche se extendieron difuminando los altivos contornos que, orgullosos, al viento desafiaban y a mis ojos tenían prisioneros. Bravos alcores donde gavilanes hacían nidos sobre el roquedal. Sierras de imponentes riscos cortados quedaron apagados en la noche. Un nuevo rumor: la nocturna vida comenzó a rebullir alrededor y, acelerando mis pasos, volví al tibio refugio que me esperaba.