Capasa
Poeta que considera el portal su segunda casa
La noche se despertaba
entre sombras de cerezos.
Me cogió por la cintura
para a cercarme a su pecho.
Y el tiempo que allí estuvimos
lo guardaré en mi universo.
Si fue, un minuto, o una hora,
con su magia lo hizo eterno
No hubo prisa, ni hubo pausas,
solo el reloj del deseo
marcaba nuestros latidos
y conjugaba los tiempo.
Se me pararon los pulsos,
a él, lo desbordó mi aliento .
Sus manos aleteaban
en mi nalgas y mis senos.
Crepita amor en el aire,
somos volcanes ardiendo.
La lava de la pasión
por nuestras venas corrieron.
Abrazada a su cintura,
me apreté contra su pecho.
Nuestros cuerpos jadeantes
por la pasión son envueltos .
Su boca, granada abierta
ofreciéndome sus besos…
Fue el agua para mi sed
y oasis en mi desierto.
Y en sus ojos de azabaches
como si fueran espejos
vi ,su amor apasionado
y allí… Sucumbí en el duelo.
No hubo sabanas bordadas
porque tuvimos por lecho.
La fértil tierra mullida,
con pétalos de cerezos.
El néctar de los sentidos
empaparon nuestros cuerpo,
grabando dos corazones
en el tronco del recuerdo.
Carmenlo guardaré en mi universo.
Si fue, un minuto, o una hora,
con su magia lo hizo eterno
No hubo prisa, ni hubo pausas,
solo el reloj del deseo
marcaba nuestros latidos
y conjugaba los tiempo.
Se me pararon los pulsos,
a él, lo desbordó mi aliento .
Sus manos aleteaban
en mi nalgas y mis senos.
Crepita amor en el aire,
somos volcanes ardiendo.
La lava de la pasión
por nuestras venas corrieron.
Abrazada a su cintura,
me apreté contra su pecho.
Nuestros cuerpos jadeantes
por la pasión son envueltos .
Su boca, granada abierta
ofreciéndome sus besos…
Fue el agua para mi sed
y oasis en mi desierto.
Y en sus ojos de azabaches
como si fueran espejos
vi ,su amor apasionado
y allí… Sucumbí en el duelo.
No hubo sabanas bordadas
porque tuvimos por lecho.
La fértil tierra mullida,
con pétalos de cerezos.
El néctar de los sentidos
empaparon nuestros cuerpo,
grabando dos corazones
en el tronco del recuerdo.
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