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Poeta recién llegado
y el delirio de un tierno secreto de ternura
que esbozas con holgura cual estrellas andaluzas.
Una musa se despierta con tu encanto
y pintas de colores a los astros, llenando
de angelitos el desvelo taciturno
perdonado de antemano.
Y del rubor de tus mejillas,
y del canto de tu llanto,
te inventas una estrofa como
faro para hartazgo.
Quiera tu perfume llenarme de consuelo,
y quiero el consuelo de saberte perfumada
con el fruto de los pechos de una madre enamorada.
Tienen todas luces el señuelo de tu manto,
que al señoreo no le es ajeno y menos ajenos al desgano.
Es la aurora de tu fruto ese mirar difuso,
aun cerrado.
Tienes la gracia de los santos,
y a tus antojos ¡pobres santos! les pones alitas de colibríes.
Duendecito de semillas, picarita de Alelí!
Pedacito de mi cielo, sonrisita de marfil.
Pimpollito de deseos, marinita de mis ruegos!
Te busco y te espero en un tímido sollozo.
Que no por triste te lo esbozo,
si no por feliz e indefenso.
Son mis ojos dos gotas de infinito
mirando al cielo madre;
¡Ho Ríos que no saben que el llanto
es de postreros abrazos, y ósculos certeros!
Mi alma tiene la alegría serena
de un sueño realizable.
Tengo en el horizonte un lucero encendido,
y el corazón rugiente pidiendo a gritos contemplarte.
Más por el arte del tiempo o
el designio azaroso de los mares,
navegare cada segundo con segura rosa
cardinal hacia el poniente,
seguro de que el incipiente rojo de tus besos;
me espera para salvarme.
A VIKY... MI MARAVILLA INCIPIENTE
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