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Pedro Salinas

Tema en 'Biblioteca de Poética Clásica (Poetas famosos)' comenzado por VicenteMoret, 23 de Septiembre de 2013. Respuestas: 5 | Visitas: 1753

  1. VicenteMoret

    VicenteMoret Cronista del Tamboura Moderadores

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    [TD]PEDRO SALINAS

    (Madrid, 1891 - Boston, 1951) Poeta español, miembro de la Generación del 27, en la que destacó como poeta del amor. Profundo intelectual y humanista, Salinas estudió las carreras de derecho y de filosofía y letras. Fue lector de español en la Universidad de París entre 1914 y 1917, año en que se doctoró en letras. En la década de 1920 comenzó una asidua colaboración con la Revista de Occidente y fue catedrático de lengua y literatura españolas en las universidades de Sevilla y Murcia. Trabajó como lector de español en Cambridge. Junto a Guillermo de Torre dirigió la revista Índice literario (1932-1936). En este último año emigró a Estados Unidos, donde se desempeñó como profesor en distintas universidades, y allí vivió hasta su muerte, salvo algunos períodos en que dictó clases en la Universidad de San Juan de Puerto Rico. Poeta subjetivo, heredero de la tradición amorosa de Garcilaso de la Vega y de Gustavo Adolfo Bécquer, el gran tema de su poesía fue el amor, a través del cual matizó y recreó la realidad y los objetos. En su producción se pueden distinguir tres etapas. La primera, de poesía pura, influida por Juan Ramón Jiménez, abarca desde los inicios hasta 1931 (Presagios, 1924; Seguro azar, 1929 y Fábula y signo, 1931). La segunda alcanza hasta 1939 y fue la de la poesía genuinamente amorosa, fruto de su apasionada relación con la profesora norteamericana Katherine Whitmore. En ella celebra el amor que da sentido al mundo; la amada es una criatura concreta, en un espacio cotidiano, con la que el poeta mantiene un coloquio continuo. El amor de su lírica no es atormentado y sufrido; es una fuerza prodigiosa que da sentido a la vida (La voz a ti debida, 1933; Razón de amor, 1936 y Largo lamento, 1939). Las obras de esta etapa se nutren de una lírica en segunda persona, vocativa, dirigida a la imagen de la amada, envuelta en las circunstancias externas de la vida actual: relojes, teléfonos, playas, calles, publicidad, automóviles y calendarios aparecen en tal poesía cambiados y transfigurados. La mujer es vista en una perspectiva de proximidad, como una amiga que se convierte en amada al contemplarse reflejada en el "espejo ardiente" que el amor le ofrece. Tal actividad poética, en la que se utilizan elementos métricos muy tenues y leves (metros cortos, con asonancias de una gran flexibilidad, que subrayan el ritmo interno de las metáforas, las ideas y la fluida elocución), halla su mejor representación en La voz a ti debida, obra que ha influido profundamente en la poesía española. La tercera etapa va de 1939 hasta su muerte. La poesía de estos años reflejó sus inquietudes filosóficas, y una preocupación por la función del poeta y del arte, ya que su espíritu humanista se rebeló ante el mundo moderno; pero no fue la suya una poesía meramente intelectualista, sino que se apoyó también en lo sensual, en una visión cósmica pero fuertemente emotiva. Tres libros componen la producción de este período: El contemplado (1946), Todo más claro y otros poemas (1949) y Confianza 1942-1944, 1955, recopilación de poemas sueltos publicada póstumamente. Salinas escribió también numerosos ensayos críticos, entre los que destacan Jorge Manrique o tradición y originalidad (1947), La poesía de Rubén Darío (1947), El defensor (1948) y Ensayos de literatura hispánica (1958), relatos (El desnudo impecable y otras narraciones, 1951) y varias obras de teatro, la mayor parte todavía inéditas. En 2002 aparecieron finalmente las Cartas a Katherine Whitmore, un resumen de la copiosa correspondencia que intercambió con su amada, sobre todo entre 1932 y 1939.

    --..--

    A continuación reproducimos parte de la obra poética del autor.

    --..--

    EL POEMA

    Y ahora, aquí está frente a mí.
    Tantas luchas que ha costado,
    tantos afanes en vela,
    tantos bordes de fracaso
    junto a este esplendor sereno
    ya son nada, se olvidaron.
    Él queda, y en él, el mundo,
    la rosa, la piedra, el pájaro,
    aquéllos , los del principio,
    de este final asombrados.
    ¡Tan claros que se veían,
    y aún se podía aclararlos!
    Están mejor; una luz
    que el sol no sabe, unos rayos
    los iluminan, sin noche,
    para siempre revelados.
    Las claridades de ahora
    lucen más que las de mayo.
    Si allí estaban, ahora aquí;
    a más transparencia alzados.
    ¡Qué naturales parecen,
    qué sencillo el gran milagro!
    En esta luz del poema,
    todo,
    desde el más nocturno beso
    al cenital esplendor,
    todo está mucho más claro.

    --..--

    LA MEMORIA EN LAS MANOS

    Hoy son las manos la memoria.
    El alma no se acuerda, está dolida
    de tanto recordar. Pero en las manos
    queda el recuerdo de lo que han tenido.

    Recuerdo de una piedra
    que hubo junto a un arroyo
    y que cogimos distraídamente
    sin darnos cuenta de nuestra ventura.
    Pero su peso áspero,
    sentir nos hace que por fin cogimos
    el fruto más hermoso de los tiempos.
    A tiempo sabe
    el peso de una piedra entre las manos.
    En una piedra está
    la paciencia del mundo, madurada despacio.
    Incalculable suma
    de días y de noches, sol y agua
    la que costó esta forma torpe y dura
    que acariciar no sabe y acompaña
    tan sólo con su peso, oscuramente.
    Se estuvo siempre quieta,
    sin buscar, encerrada,
    en una voluntad densa y constante
    de no volar como la mariposa,
    de no ser bella, como el lirio,
    para salvar de envidias su pureza.
    ¡Cuántos esbeltos lirios, cuántas gráciles
    libélulas se han muerto, allí, a su lado
    por correr tanto hacia la primavera!
    Ella supo esperar sin pedir nada
    más que la eternidad de su ser puro.
    Por renunciar al pétalo, y al vuelo,
    está viva y me enseña
    que un amor debe estarse quizá quieto, muy quieto,
    soltar las falsas alas de la prisa,
    y derrotar así su propia muerte.

    También recuerdan ellas, mis manos,
    haber tenido una cabeza amada entre sus palmas.
    Nada más misterioso en este mundo.
    Los dedos reconocen los cabellos
    lentamente, uno a uno, como hojas
    de calendario: son recuerdos
    de otros tantos, también innumerables
    días felices
    dóciles al amor que los revive.
    Pero al palpar la forma inexorable
    que detrás de la carne nos resiste
    las palmas ya se quedan ciegas.
    No son caricias, no, lo que repiten
    pasando y repasando sobre el hueso:
    son preguntas sin fin, son infinitas
    angustias hechas tactos ardorosos.
    Y nada les contesta: una sospecha
    de que todo se escapa y se nos huye
    cuando entre nuestras manos lo oprimimos
    nos sube del calor de aquella frente.
    La cabeza se entrega. ¿Es la entrega absoluta?
    El peso en nuestras manos lo insinúa,
    los dedos se lo creen,
    y quieren convencerse: palpan, palpan.
    Pero una voz oscura tras la frente,
    —¿nuestra frente o la suya?—
    nos dice que el misterio más lejano,
    porque está allí tan cerca, no se toca
    con la carne mortal con que buscamos
    allí, en la punta de los dedos,
    la presencia invisible.
    Teniendo una cabeza así cogida
    nada se sabe, nada,
    sino que está el futuro decidiendo
    o nuestra vida o nuestra muerte
    tras esas pobres manos engañadas
    por la hermosura de lo que sostienen.
    Entre unas manos ciegas
    que no pueden saber. Cuya fe única
    está en ser buenas, en hacer caricias
    sin casarse, por ver si así se ganan
    cuando ya la cabeza amada vuelva
    a vivir otra vez sobre sus hombros,
    y parezca que nada les queda entre las palmas,
    el triunfo de no estar nunca vacías.

    --..--

    RESPUESTA A LA LUZ

    ¿Qué le ofrecías, la noche,
    tú, silencio, qué le dabas
    para que él dijera a voces,
    tanto sí, que sí, que sí?
    Nadie le ofrecía nada.
    Un gran mundo sin preguntas,
    vacías las negras manos
    —ámbitos de madrugada—,
    alrededor enmudece.
    Los síes —¡qué golpetazos
    de querer en el silencio!—,
    las últimas negativas
    a la noche le quebraban.
    Sí, sí a todo, a todo sí,
    a la nada sí, por nada.

    Allá por los horizontes
    sin que nadie —el sólo: nadie—
    la escuchara, sigilosa
    de albor, rosa y brisa tierna,
    iba la pregunta muda,
    naciendo ya, la mañana.

    --..--

    FUENTES

    http://www.biografiasyvidas.com/biografia/s/salinas_pedro.htm

    http://www.poemas-del-alma.com/pedro-salinas-el-poema.htm
    [/TD]
    [/TR]
    [/TABLE]

    http://www.poemas-del-alma.com/pedro-salinas-la-memoria-en-las-manos.htm

    http://www.poemas-del-alma.com/pedro-salinas-respuesta-a-la-luz.htm

    --..--
     
    #1
    A BEN. y ISANDA les gusta esto.
  2. CriMa

    CriMa ----

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    Hermosos versos ! Muy buena selección !

    Saludos cordiales !
     
    #2
    A Ariel_López le gusta esto.
  3. Ariel_López

    Ariel_López Poeta recién llegado

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    Hace unos años no dejaba de leer ''La voz a ti debida'' , ese autor sabe usar lo cabalgamientos. Voy a estar checando sus poemas primeros, los de ''Seguro azar'' (que se me hacen muy similares a este de Respuesta a la luz), porque me gusta como juega con frases que se encrustan entre los versos, me impresiona como funcionan tan bien en sus versos cortos.
     
    #3
  4. LUZYABSENTA

    LUZYABSENTA Moderador Foros Surrealistas.Miembro del Jurado Miembro del Equipo Moderadores Miembro del JURADO DE LA MUSA

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    Bella seleccion para un poeta que comprendia el amor para reflejarlo
    en poesia. saludos de luzyabsenta
     
    #4
  5. ISANDA

    ISANDA Anabel Barragán

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    21 de Diciembre de 2014
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    #5
  6. BEN.

    BEN. Poeta que considera el portal su segunda casa

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    26 de Febrero de 2013
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    Qué hermosos todos los poemas de Pedro Salinas, me enamoré escuchando su poesía, un saludo!!
     
    #6

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