Old Soul
Poeta adicto al portal
Se me va la cabeza,
la dejé con mi sombrero,
ese que nunca tuve
y que ahora nunca encuentro.
He tocado el firmamento,
he hablado con la luna,
he bajado a los Infiernos
y al Diablo le dicho ¡rula!
En los toboganes, en vez de bajar,
subía,
y, ya arriba,
con los pelos de punta,
volaba.
A veces no hablaba.
¡Rugía!
Y con el cuerpo roto
iba dejando estelas.
¡Un show para lobos!
Más brillante que un cometa,
componía mis ojos rojos
fumándome otro peta.
Incansable caminante,
siempre estaba en el mismo sitio,
en el suelo, aplastado,
por algún pisotón divino.
Otras, muchas,
mi sangre de luna,
era de algún dios hijo.
Pero era siempre pacifista,
siempre buscaba el peligro,
algunas veces cerca de la muerte.
(Es una mueca que ahora muy bien imito,
pensando “que te jodan”,
sonrío sólo con los dientes.)
Danzaba al compás de todas las músicas
que llegaban a mi cabeza,
nunca aprendí ninguna,
se ve que me faltan orejas.
Una vez me puse en contacto
con ángeles y demonios
para firmar un pacto,
pero al final me dieron puerta.
En otra fui soldado
de los que no tiran ni piedras,
pero siempre iba armado
para meterme entre unas piernas.
Poco tenía qué perder,
sin tener nada, lo tenía todo.
Mi pellejo, un zurrón de miel,
que embelesaba lo goloso,
no era yo, ¡lo juro!,
eran sus ojos.
Grité en silencio y callé a gritos,
sin despegar los pies del suelo,
pegué brincos.
Comí del sol,
mee estrellas,
caminé marcando el son
que descompasaban mis piernas.
Escupí hacia arriba,
y contra el viento,
y nunca la saliva
cayó sobre mi cuerpo.
Pero un
tin, tin, tin,
resonaba en mi cabeza,
tronaba en mis neuronas.
Así que pisé con firmeza
y observé mis ilusiones romas,
vi lo inútil de mi esmero,
mastiqué lo absurdo de mis sueños.
¡Y la realidad me folló de nuevo!
Recordando,
de repente,
que nunca he usado sombrero.
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