Kein Williams
Poeta fiel al portal
Parecía mentira
pero es verdad,
yo no lo creía,
cuando me decían
de tu infidelidad.
Y hoy los encuentro
tomados de la mano,
con mi mejor amigo,
casi un hermano,
que me ha mentido,
me ha traicionado.
No, no digan nada,
sus nervios los noto,
sobran las palabras,
les tiro las fotos,
que me han dejado
el corazón roto.
Por favor, no hablen,
no voy a escucharlos,
ambos son culpables
y eso bien lo saben,
¿qué van a decirme?
¿qué van a explicarme?
Y allí los dejo, callados,
viendo las pruebas,
que están atrapados.
Él sabe que es casado,
y que hoy su esposa,
ya se ha enterado.
Voy a retirarme
todo hecho pedazos,
me tomas del brazo,
quieres darme un beso,
¡Judas de dos pesos!
Pero lo rechazo
alejando el cuerpo.
Y entonces con saña
los miro a los ojos,
producto del enojo
el corazón les dice,
¿querían ser felices?
Pues quédense solos,
par de infelices.
Y me voy a casa,
arropo a los niños,
les doy todo el cariño
que escurre mi alma.
¡Los amo tanto, hijos!
Ustedes son mi calma.
Y armo las maletas,
hablo a mi abogado,
¿si hice algo malo?
Solo haberla amado
como lo merecía
y no le ha bastado.
Dios, dame alivio
para ahogar la pena,
hoy estoy perdido
y sé que aún vencido
vendrán cosas buenas.
Solo haz que esto pase,
aprieto el crucifijo,
que no me niegue a mi hijos,
ya mucho mal me hizo,
y eso llegaría a acabarme.
Habré de divorciarme,
sé que rompo el sacramento,
«hasta que le muerte nos separe»,
así nos dijo esa noche el Padre
y hoy nuestro amor se ha muerto.
Me pongo en tus manos,
no quiero volver con ella,
hazme olvidar que la amo,
y no recurrir a la botella.
Por favor, padre mío,
Tú que estás en el cielo,
acompáñame en mi duelo,
y perdónala, Dios mío, perdónala,
porque la verdad... yo no puedo.
Y es que puedes ver
cada una de mis heridas,
por eso, Padre, perdónalos
aunque sabían lo que hacían.
pero es verdad,
yo no lo creía,
cuando me decían
de tu infidelidad.
Y hoy los encuentro
tomados de la mano,
con mi mejor amigo,
casi un hermano,
que me ha mentido,
me ha traicionado.
No, no digan nada,
sus nervios los noto,
sobran las palabras,
les tiro las fotos,
que me han dejado
el corazón roto.
Por favor, no hablen,
no voy a escucharlos,
ambos son culpables
y eso bien lo saben,
¿qué van a decirme?
¿qué van a explicarme?
Y allí los dejo, callados,
viendo las pruebas,
que están atrapados.
Él sabe que es casado,
y que hoy su esposa,
ya se ha enterado.
Voy a retirarme
todo hecho pedazos,
me tomas del brazo,
quieres darme un beso,
¡Judas de dos pesos!
Pero lo rechazo
alejando el cuerpo.
Y entonces con saña
los miro a los ojos,
producto del enojo
el corazón les dice,
¿querían ser felices?
Pues quédense solos,
par de infelices.
Y me voy a casa,
arropo a los niños,
les doy todo el cariño
que escurre mi alma.
¡Los amo tanto, hijos!
Ustedes son mi calma.
Y armo las maletas,
hablo a mi abogado,
¿si hice algo malo?
Solo haberla amado
como lo merecía
y no le ha bastado.
Dios, dame alivio
para ahogar la pena,
hoy estoy perdido
y sé que aún vencido
vendrán cosas buenas.
Solo haz que esto pase,
aprieto el crucifijo,
que no me niegue a mi hijos,
ya mucho mal me hizo,
y eso llegaría a acabarme.
Habré de divorciarme,
sé que rompo el sacramento,
«hasta que le muerte nos separe»,
así nos dijo esa noche el Padre
y hoy nuestro amor se ha muerto.
Me pongo en tus manos,
no quiero volver con ella,
hazme olvidar que la amo,
y no recurrir a la botella.
Por favor, padre mío,
Tú que estás en el cielo,
acompáñame en mi duelo,
y perdónala, Dios mío, perdónala,
porque la verdad... yo no puedo.
Y es que puedes ver
cada una de mis heridas,
por eso, Padre, perdónalos
aunque sabían lo que hacían.