Frankos Roda
Poeta recién llegado
Perdóname si en el inquieto día, sobre la fresca hierba,
he pedido a boreas el columpio de tus guedejas;
pues la crin mecida de tu pelo al descanso suple.
Perdóname si en el azul celeste
he visto caminar tus suaves pies sobre algodones rojos;
pues qué mejor congoja que un atardecer que vive y sufre la búsqueda del crepúsculo.
Perdóname si en la fulgente noche, aterido,
he soñado en el pliegue ondulante de tus senos;
pues fría es la ausencia amada y cálido el sueño cuando acaricia.
Perdóname si en el dintel húmedo de tus labios
he sentido el halo perfumado del más sabroso de los versos;
pues no hay poema más hermoso que la suavidad de un beso.
Perdóname si en mi voraz anhelo
tu amor me hiere sin precepto y culpa;
pues no causa daño el fin si justifica al alma.
Perdóname si al descubrirte amada
deduces que tu ausencia es presencia y dicha;
pues todo mía fue pasado, presente es todo mía y todo mía serás
hasta que la eterna noche no llame más al día.
he pedido a boreas el columpio de tus guedejas;
pues la crin mecida de tu pelo al descanso suple.
Perdóname si en el azul celeste
he visto caminar tus suaves pies sobre algodones rojos;
pues qué mejor congoja que un atardecer que vive y sufre la búsqueda del crepúsculo.
Perdóname si en la fulgente noche, aterido,
he soñado en el pliegue ondulante de tus senos;
pues fría es la ausencia amada y cálido el sueño cuando acaricia.
Perdóname si en el dintel húmedo de tus labios
he sentido el halo perfumado del más sabroso de los versos;
pues no hay poema más hermoso que la suavidad de un beso.
Perdóname si en mi voraz anhelo
tu amor me hiere sin precepto y culpa;
pues no causa daño el fin si justifica al alma.
Perdóname si al descubrirte amada
deduces que tu ausencia es presencia y dicha;
pues todo mía fue pasado, presente es todo mía y todo mía serás
hasta que la eterna noche no llame más al día.