Enrique Romero
Poeta recién llegado
Las lunas de Saturno han liberado sus destellos
que acarician mis mejillas desde el cielo arrebolado.
Quiero ser perfecto de ahora en adelante,
aquel hombre del que nadie pueda mofarse.
Perfecto de ahora en adelante,
sin dubitar, sin balbucear, sin equivocarme.
Oh! Dulce astro espacial, perfección cumbre de la materia,
enseña tu tranquilidad a mi alma
para olvidar los manierismos salvajes
y los miedos talantes...
Toma de mi latido su ritmo, y urde tu tranquila canción en sus cuerdas,
para ser Perfecto de ahora en adelante.
Oh! Para ser perfecto de ahora en adelante
para contentar a la gente y su ardid insaciable,
tuve que desmembrarme.
Vagar bajo un cielo incógnito,
bajo un color artificial que chorreaba negros esmaltes.
Mi corazón mudo sólo pudo mecerse en su canción casi silenciada.
Ignoraba los ardides de mi alma indócil,
la algarabía de mi voluntad caótica.
Tuve que echarlos al río, maniatados, para ser perfecto de ahora en adelante.
Pero volvían:
Oh! Dejen de hacer esos ruidos, gritaba.
Dejen de recordarme mi ser imperfecto, mi duda constante,
mi autodesprecio y mi desesperanza,
y el rechazo constante de una sociedad acaudalada;
y que sin embargo, mi corazón contemplaba parsimonioso
con indiferencias infantiles y felices.
Oh! Dejen de hacer esos ruidos constantes,
mi maniatado ser imperfecto que rezuma sus desesperadas disonancias,
deja de evocarme aquellos caminos erráticos que algún día creí correctos,
dejen de envolverme en su falsa percepción dionisíaca,
porque quiero ser perfecto de ahora en adelante.
que acarician mis mejillas desde el cielo arrebolado.
Quiero ser perfecto de ahora en adelante,
aquel hombre del que nadie pueda mofarse.
Perfecto de ahora en adelante,
sin dubitar, sin balbucear, sin equivocarme.
Oh! Dulce astro espacial, perfección cumbre de la materia,
enseña tu tranquilidad a mi alma
para olvidar los manierismos salvajes
y los miedos talantes...
Toma de mi latido su ritmo, y urde tu tranquila canción en sus cuerdas,
para ser Perfecto de ahora en adelante.
Oh! Para ser perfecto de ahora en adelante
para contentar a la gente y su ardid insaciable,
tuve que desmembrarme.
Vagar bajo un cielo incógnito,
bajo un color artificial que chorreaba negros esmaltes.
Mi corazón mudo sólo pudo mecerse en su canción casi silenciada.
Ignoraba los ardides de mi alma indócil,
la algarabía de mi voluntad caótica.
Tuve que echarlos al río, maniatados, para ser perfecto de ahora en adelante.
Pero volvían:
Oh! Dejen de hacer esos ruidos, gritaba.
Dejen de recordarme mi ser imperfecto, mi duda constante,
mi autodesprecio y mi desesperanza,
y el rechazo constante de una sociedad acaudalada;
y que sin embargo, mi corazón contemplaba parsimonioso
con indiferencias infantiles y felices.
Oh! Dejen de hacer esos ruidos constantes,
mi maniatado ser imperfecto que rezuma sus desesperadas disonancias,
deja de evocarme aquellos caminos erráticos que algún día creí correctos,
dejen de envolverme en su falsa percepción dionisíaca,
porque quiero ser perfecto de ahora en adelante.