Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Y el grito queriendo salir de esas limaduras
como si a la noche no le bastaran sus cuchillos
o al cielo sus estrellas de pechos cercenados,
pero en tu laringe el calostro de luz coagulada
te ha encadenado la voz, ha desatado tu vida;
te estás yendo de ti como el gesto en un río,
vuelve tu rostro a ser hendidura en la piedra,
te estás yendo de ti de tan aire que eres
en tus pulmones encharcados de nata triste,
te estás yendo de ti como si hubiera un sitio
para llegar a descolgarte de tu cuerpo más solo,
para reposar tus ojos de todo lo que han visto,
confiado de que alba por siempre estará allí.
¡Pero no! Es la madrugada cobarde que huye
de la escena del crimen quemando dos ruedas.
¡Pero no! Es el polvo negro que escupes,
señal que borra la luna y no llega a nadie.
¡Pero no! Es el espasmo más sucio de la hora
que usurpa tu habitad hasta dejarte en hueco
como para llenarte de alma, ¡pero no, no y no!
Ahí no caben todas las hierbas de agosto aunque
agachen sus flores y sus raíces descalzas entren
en tu costado a tomar posesión de tu juventud,
aunque el terregal chupe la sangre de tus médulas
y una desfigurad mancha de ti se confunda contigo
hasta dejar un perímetro de tiza que no alcanza
para abrazar a tu padre o consolar a tu madre
o sonreír a tus hermanos o decirme Hasta luego.
como si a la noche no le bastaran sus cuchillos
o al cielo sus estrellas de pechos cercenados,
pero en tu laringe el calostro de luz coagulada
te ha encadenado la voz, ha desatado tu vida;
te estás yendo de ti como el gesto en un río,
vuelve tu rostro a ser hendidura en la piedra,
te estás yendo de ti de tan aire que eres
en tus pulmones encharcados de nata triste,
te estás yendo de ti como si hubiera un sitio
para llegar a descolgarte de tu cuerpo más solo,
para reposar tus ojos de todo lo que han visto,
confiado de que alba por siempre estará allí.
¡Pero no! Es la madrugada cobarde que huye
de la escena del crimen quemando dos ruedas.
¡Pero no! Es el polvo negro que escupes,
señal que borra la luna y no llega a nadie.
¡Pero no! Es el espasmo más sucio de la hora
que usurpa tu habitad hasta dejarte en hueco
como para llenarte de alma, ¡pero no, no y no!
Ahí no caben todas las hierbas de agosto aunque
agachen sus flores y sus raíces descalzas entren
en tu costado a tomar posesión de tu juventud,
aunque el terregal chupe la sangre de tus médulas
y una desfigurad mancha de ti se confunda contigo
hasta dejar un perímetro de tiza que no alcanza
para abrazar a tu padre o consolar a tu madre
o sonreír a tus hermanos o decirme Hasta luego.