Periodímen y la voz de hielo. Tercera historia.

sergio Bermúdez

Poeta que considera el portal su segunda casa
CAPITULO 1: OMICALDUS, EL REY DE LOS HIELOS ACIDOS.




Bajo las montañas de Kider el lunático, a la misma vez que se desnudaban los cielos derretidos en aromas con sabores a muertos, y las flores se reían unas de otras y después morían asfixiadas entre un sol camuflado en un lobo despótico enrabietado, y en donde las orillas de la tierra consumían las fuertes tormentas que estaban siendo aniquiladas entre hogueras que abundaban entre vientos huérfanos pero sin miedo, se escondía Omicaldus, el rey con la voz de hielo, además de tener los ojos ardiendo del frío, a la vez que sonaba la música de las calaveras polares, pues el cambio climático había llegado por efectos del tiempo, que iba vomitando sus partículas en ácidos bochornosos, mezclados con el silencio de un calentón helado, que llenaba las tinieblas y derretía las palabras, marginándolas en soplidos con humo, y este sangraba, y deshacía más hielo para enterrar las huellas del grupo asesino, liderado por Omicaldus.

Habían cabañeles, unos monstruos potentes y adiestrados desde su nacimiento.

Pero algo prendió fuego al cielo de hielo, y ese algo era Periodímen, que unido a las fuerzas que poseían sus fuertes impulsos, se haría dueño de un segundo que disparaba hacía las tinieblas. Los comentarios cogieron vida y susurraron las leyes de su reaparición en vientos llevado hacía huracanes, que señalaban el odio hacia Omicaldus.

La fe se señalaba así misma, e iba hacia la luz de la venganza, y no temía al arte oscuro, donde sonaban sirenas de sangre con hielo, y después se camuflaba el aire en partículas hiperactivas, pues así se hacían dueños los caballeros de los reyes aclamados por el bajón de las temperaturas. Periodímen voló y corrigió la tempestad y la machacó, para que se lamentara y pudriera su furia. Por eso entre la voz de hielo, y el ultimo soplido de lamento, se intensifico el archiespiritu, un espíritu con dientes de león y velocidad de un cometa galáctico que presentaba sus cualidades en llamas, con la esperanza de auto destruirse, para así rebotar en la antártica, para que esta se quemara el núcleo central de las operaciones, que iban tejiendo al mundo en hilos de telarañas congeladas en ruinas, hasta que Periodímen apareció con sus manos y mediante su tinta exploto al archiespiritu de una forma tan habilidosa, que no lo exploto, simplemente lo desconfiguro y le asesto el golpe que auto eclipsó la fuerte tempestad, que pasaría a ser granizada de picos con hielo, que se auto inyectaban sal quemada para seguir destruyendo y comiéndose entero al ciclo de la vida, aunque Periodímen auto impulsó su cuerpo y bloqueo las puertas del puente de los sentimientos oscuros, para traducir en llamas, el lenguaje helado de Omicaldus.
 

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