Gonvedo
Poeta asiduo al portal
Ignora el lenguaje del tiempo,
el libro del llanto de las horas está siempre incompleto.
Es ese tiempo de ciegos relojes y árboles que corren,
que hace que te piense a gritos,
y espere una respuesta, pero tú, desconocido y celestial
jedive, no me escuchas, solo me dejas
el eco fugitivo de un rostro y el ojo vigilante de un gendarme.
Y yo soy como la lluvia desplomándose, que lleva la tempestad
por dentro. El alba es un camino que anocheció en las playas,
y tengo aún miedo, y esa zozobra que no comprende
la dolorosa matemática de este mundo,
que responde a un antes de la vida y a antiguos ritos.
Somos algo más que siglos de memoria,
grabados piedra sobre piedra, o de demencia,
o de carne apaleada que apenas deja una huella
malherida de su paso, cuando decimos ahora,
y aún no ha sido, cuando aquello que abandonamos
vuelve a florecer, porque la muerte es el viaje
hacia la vida, un regreso al punto de partida.
el libro del llanto de las horas está siempre incompleto.
Es ese tiempo de ciegos relojes y árboles que corren,
que hace que te piense a gritos,
y espere una respuesta, pero tú, desconocido y celestial
jedive, no me escuchas, solo me dejas
el eco fugitivo de un rostro y el ojo vigilante de un gendarme.
Y yo soy como la lluvia desplomándose, que lleva la tempestad
por dentro. El alba es un camino que anocheció en las playas,
y tengo aún miedo, y esa zozobra que no comprende
la dolorosa matemática de este mundo,
que responde a un antes de la vida y a antiguos ritos.
Somos algo más que siglos de memoria,
grabados piedra sobre piedra, o de demencia,
o de carne apaleada que apenas deja una huella
malherida de su paso, cuando decimos ahora,
y aún no ha sido, cuando aquello que abandonamos
vuelve a florecer, porque la muerte es el viaje
hacia la vida, un regreso al punto de partida.