Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Permíteme un segundo...
no digas nada aún,
déjame mirarte con los ojos que ya saben que vas a irte.
Déjame memorizar el contorno de tu tristeza,
las comisuras de tu adiós mal disimulado,
la forma exacta en que tus manos no me buscan.
Solo un segundo.
Te prometo no llorar en voz alta,
ni suplicarte como se suplican los náufragos a la orilla.
Quiero irme con la dignidad rota pero de pie,
como se van los que aún aman.
No sabes lo difícil que es quedarme quieto,
sin correr hacia ti,
sin gritarte que aún podríamos intentarlo otra vez,
que tu cepillo aún está en el baño,
que mi camisa favorita huele a ti
y no quiero lavarla.
Pero ya ves…
hay despedidas que se entienden antes de decirse,
hay silencios que escriben la palabra “fin”
con todas sus letras,
sin titubeos.
Así que déjame, amor,
déjame contemplarte una última vez,
como se mira el cielo antes de que se nuble,
como se besa el recuerdo antes de que se enfríe.
Permíteme un segundo,
sólo uno…
para tatuarte en mis ojos,
para no olvidarte tan pronto,
para amarte por última vez,
en esta mirada muda
que no sabrá volver a verte.
Y después me voy.
Prometido.
Aunque me lleve contigo,
aunque no me quede nada.
Aunque me parta en dos
el pecho
cada vez que respire.
no digas nada aún,
déjame mirarte con los ojos que ya saben que vas a irte.
Déjame memorizar el contorno de tu tristeza,
las comisuras de tu adiós mal disimulado,
la forma exacta en que tus manos no me buscan.
Solo un segundo.
Te prometo no llorar en voz alta,
ni suplicarte como se suplican los náufragos a la orilla.
Quiero irme con la dignidad rota pero de pie,
como se van los que aún aman.
No sabes lo difícil que es quedarme quieto,
sin correr hacia ti,
sin gritarte que aún podríamos intentarlo otra vez,
que tu cepillo aún está en el baño,
que mi camisa favorita huele a ti
y no quiero lavarla.
Pero ya ves…
hay despedidas que se entienden antes de decirse,
hay silencios que escriben la palabra “fin”
con todas sus letras,
sin titubeos.
Así que déjame, amor,
déjame contemplarte una última vez,
como se mira el cielo antes de que se nuble,
como se besa el recuerdo antes de que se enfríe.
Permíteme un segundo,
sólo uno…
para tatuarte en mis ojos,
para no olvidarte tan pronto,
para amarte por última vez,
en esta mirada muda
que no sabrá volver a verte.
Y después me voy.
Prometido.
Aunque me lleve contigo,
aunque no me quede nada.
Aunque me parta en dos
el pecho
cada vez que respire.