Sira
Poeta fiel al portal
Perséfone
Perséfone languideció
exánime y exangüe
entre los brazos de su captor.
Cuando el Infierno
a sus pies se abrió,
la doncella secuestrada
tan sólo ocultó su rostro,
dándole rienda suelta
a su llanto y su dolor:
"Si la mismísima Muerte
me reclama como amada,
privada de energías
y a mi suerte resignada,
yo a su pecho gélido
y baldío sin dudar me acogeré.
Tan sólo ámame para siempre,
cruel y acerbo Hades,
y dame a probar esa granada;
pues así sellaremos el pacto
y por siempre seré tu mujer.
El Tártaro gobernaré a tu lado
durante los sombríos meses
de frío e inexorable invierno,
mas con la llegada de la primavera
a la vera de mi madre regresaré.
Pues aun cuando la novia
de la Muerte yo sea,
debo proteger el calor
que aún mora, vacilante,
en mis encarnadas venas.
Así como el latido herido
que todavía resuena,
como un grito agonizante
y sin sonido, desde
las dolientes y ahora infértiles
entrañas de la Madre Tierra".
Perséfone languideció
exánime y exangüe
entre los brazos de su captor.
Cuando el Infierno
a sus pies se abrió,
la doncella secuestrada
tan sólo ocultó su rostro,
dándole rienda suelta
a su llanto y su dolor:
"Si la mismísima Muerte
me reclama como amada,
privada de energías
y a mi suerte resignada,
yo a su pecho gélido
y baldío sin dudar me acogeré.
Tan sólo ámame para siempre,
cruel y acerbo Hades,
y dame a probar esa granada;
pues así sellaremos el pacto
y por siempre seré tu mujer.
El Tártaro gobernaré a tu lado
durante los sombríos meses
de frío e inexorable invierno,
mas con la llegada de la primavera
a la vera de mi madre regresaré.
Pues aun cuando la novia
de la Muerte yo sea,
debo proteger el calor
que aún mora, vacilante,
en mis encarnadas venas.
Así como el latido herido
que todavía resuena,
como un grito agonizante
y sin sonido, desde
las dolientes y ahora infértiles
entrañas de la Madre Tierra".
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