Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Pídeme tres deseos,
y haré que tu nombre sea el eco eterno
que mis labios pronuncian al amanecer.
El primero, que tus manos
sean el mapa donde mi piel se extravía,
un territorio de caricias que jamás
querré abandonar.
Pídeme que el segundo sea el tiempo,
y lo detendré entre tus suspiros,
donde la noche se hace eterna
y las estrellas titilan solo para nosotros.
Seré el reloj que olvida las horas
mientras nuestras almas,
desnudas de pasado,
bailan al ritmo de nuestros latidos.
Haz que el último sea fuego,
y te prometo ser llama y ceniza,
arder en cada rincón de tu ser
y renacer cada vez que me llames.
Seré el incendio que no quema,
sino que envuelve,
el calor que susurra en tu oído
y nunca se extingue.
Pídeme tres deseos, amor,
y seré todos ellos,
porque tú ya eres todos los míos.
y haré que tu nombre sea el eco eterno
que mis labios pronuncian al amanecer.
El primero, que tus manos
sean el mapa donde mi piel se extravía,
un territorio de caricias que jamás
querré abandonar.
Pídeme que el segundo sea el tiempo,
y lo detendré entre tus suspiros,
donde la noche se hace eterna
y las estrellas titilan solo para nosotros.
Seré el reloj que olvida las horas
mientras nuestras almas,
desnudas de pasado,
bailan al ritmo de nuestros latidos.
Haz que el último sea fuego,
y te prometo ser llama y ceniza,
arder en cada rincón de tu ser
y renacer cada vez que me llames.
Seré el incendio que no quema,
sino que envuelve,
el calor que susurra en tu oído
y nunca se extingue.
Pídeme tres deseos, amor,
y seré todos ellos,
porque tú ya eres todos los míos.