BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Me obligaron a cuestionarme:
paisajes divinos atormentados
por piedras fugitivas. Reyes
reposando su antiguo candor
en los márgenes de la miseria.
Con su cintura breve y elástica,
dioses cayeron sobre mi cintura
aterciopelada. Bancos de iglesia
mojados por la desidia. Ese leve
aleteo de rosas que abren su boca
desdentada. Hallarás un hueco en
todo esto. La exigua epístola renueva
su vestuario. Polvo al polvo, esencia
dispersa. Todo regresa, con antiguo
odio. Se ciñe la hermosura como una
piedra abierta, sobre mares de ceniza.
Sobre hombros llenos de muerte, ateridos
pulmones. La lucidez habla desde el
púlpito, mas nada atraviesa con sus barbas
languidecentes. Conejo, abre la chistera:
como si el mundo recibiera mis órdenes
cuestionadas. Pero no es la luz desde ya
lo que nos atormenta. Regreso a mi polvo,
litera ambigua; de soslayo, me tiran piedras.
©
paisajes divinos atormentados
por piedras fugitivas. Reyes
reposando su antiguo candor
en los márgenes de la miseria.
Con su cintura breve y elástica,
dioses cayeron sobre mi cintura
aterciopelada. Bancos de iglesia
mojados por la desidia. Ese leve
aleteo de rosas que abren su boca
desdentada. Hallarás un hueco en
todo esto. La exigua epístola renueva
su vestuario. Polvo al polvo, esencia
dispersa. Todo regresa, con antiguo
odio. Se ciñe la hermosura como una
piedra abierta, sobre mares de ceniza.
Sobre hombros llenos de muerte, ateridos
pulmones. La lucidez habla desde el
púlpito, mas nada atraviesa con sus barbas
languidecentes. Conejo, abre la chistera:
como si el mundo recibiera mis órdenes
cuestionadas. Pero no es la luz desde ya
lo que nos atormenta. Regreso a mi polvo,
litera ambigua; de soslayo, me tiran piedras.
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