En aquel profundo bosque,por la noche de coagulada luna sanguínea,los roedores nocturnos despiertan ante la pasmosa inocencia en flor del Silencio que todo lo abarca.Los grillos ha tiempo que dejaron el fugaz reinado estival y,ahora,en el creciente otoño de nocturno rocío,la humanidad duerme el sueño bienhechor de las criaturas admiradas por el ojo divino que todo lo ve.Sin embargo,algo palpita en lo más hondo de la floresta.Como un viejo llanto de tristeza maternal que no se apaga con el único susurro de una boca melosa,de fragancia impoluta.Es ni más ni menos que el plañidero Canto sepulcral de la tierra blasfemada,abierta en grietas,que pide no sólo rocío,sino un aluvión de perlas acuosas que se difuminen en su esplendoroso seno;para que siga germinando el ciclo eterno de la dichosa naturaleza.