César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Pocas palabras, pero terminantes, desde el tráfago inclemente de los viernes por la tarde. Morir debe sentirse así: como algo que se lamenta tanto, tanto, tanto, tanto, tanto… … … .. . y que no puede evitarse. Un viaje que te lleva al miedo. Sí, latigazo de la columna vertebral, de adentro hacia afuera, donde arde fuego amargo [lo he vivido alguna vez la noche] des…..trucción y blanco color nada.
Pocas palabras en la pantallita del celular anticuado que solo envía y recibe mensajes SMS, en medio de una compañía pegostosa, llena de sobresaltos, como quien debe transitar arena atento a los alacranes del techo de paja, o a los inmensos mosquitos que hay en la película King Kong.
Trastocadas en condena presente y del parasiempre. ¿Cómo se camina después de eso? ¿Y para dónde? ¿Para qué?
Pero hay que conservar la compostura. Avanzar sin que uno se mueva, simular con la piel mientras se hunde el alma por el fondo de los ojos. Y he allí el punto, el vórtice donde se resecan para nada, luego de muertos, los intentos.
¿Por qué velarlos? Mejor darlos de comer al perro-poema.
Pocas palabras echadas por la espalda sin ningún miramiento (por supuesto, y abandono) mientras se mira el ya... a lo cerca, al alcance de la boca ¡Hummmm!...
Sin medir, sin dolor, sin más mensajes.
César sin. Diciembre de 2020.
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