plumaparada
Poeta recién llegado
Yo recuerdo cuando era niño
un mundo pequeño de cuatro
a cinco cuadras, algo no más
allá de mis propias fronteras
de una infancia feliz, no había
un tiempo real entre las cinco
y diez de la noche cuando mi
madre nos llamaba y discutía
con mis hermanos la posibilidad
de quedarnos más tiempo entre
amigos y juegos y sonidos
y un mundo distinto al que hoy
no rodea.
No recuerdo, eso sí, en que
momento de mi vida se despertó
la tragedia; la realidad de la
vida, cuando empezamos a ver
que existe una tal cosa llamada
sufrimiento, hambre, frío, envidia,
era tal
el paraíso de un niño;
feliz con las canicas
y las caricaturas de las cinco
de un domingo donde todo
a mi alrededor se veía festivo.
Creo saber por un instante
el abandono de aquel estado
soñado, el día que mi vecina
de doce años me entrego
una carta con un te quiero
entre flores perfumadas,
de un golpazo sentí que
algo se estaba terminando.
un mundo pequeño de cuatro
a cinco cuadras, algo no más
allá de mis propias fronteras
de una infancia feliz, no había
un tiempo real entre las cinco
y diez de la noche cuando mi
madre nos llamaba y discutía
con mis hermanos la posibilidad
de quedarnos más tiempo entre
amigos y juegos y sonidos
y un mundo distinto al que hoy
no rodea.
No recuerdo, eso sí, en que
momento de mi vida se despertó
la tragedia; la realidad de la
vida, cuando empezamos a ver
que existe una tal cosa llamada
sufrimiento, hambre, frío, envidia,
era tal
el paraíso de un niño;
feliz con las canicas
y las caricaturas de las cinco
de un domingo donde todo
a mi alrededor se veía festivo.
Creo saber por un instante
el abandono de aquel estado
soñado, el día que mi vecina
de doce años me entrego
una carta con un te quiero
entre flores perfumadas,
de un golpazo sentí que
algo se estaba terminando.
Última edición: