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Poema contra el miedo

penabad57

Poeta veterano en el portal
Aire, pequeño, mínimo aire,
pájaro en el ajedrez del día,
suave textura de fingida quietud
que palpita como un corazón de alba,
misterio del parteluz sobre mi vientre,
hermano de ojos grandes
y espinas de sal.

Vienes a mí con la sonrisa de los profetas,
te apiadas del rubor proscrito,
me susurras un horizonte de puñales
que sajan el tiempo mío,
escribes con olas azules un grito,
espías el sueño, rompes la caricia,
el neceser de la infancia, la canción breve de la cuna.

Hay un sol de ceniza en tus labios,
eres el sombrío espejo de los barcos perdidos,
tu voz, tu flor sin pétalos quiere mi luz,
mi sombra, este animal que exige su guarida,
su éxtasis de raíces adultas
donde dejar un halo limpio con seis palabras invencibles:
soy yo y tú nada puedes.
 
Aire, pequeño, mínimo aire,
pájaro en el ajedrez del día,
suave textura de fingida quietud
que palpita como un corazón de alba,
misterio del parteluz sobre mi vientre,
hermano de ojos grandes
y espinas de sal.

Vienes a mí con la sonrisa de los profetas,
te apiadas del rubor proscrito,
me susurras un horizonte de puñales
que sajan el tiempo mío,
escribes con olas azules un grito,
espías el sueño, rompes la caricia,
el neceser de la infancia, la canción breve de la cuna.

Hay un sol de ceniza en tus labios,
eres el sombrío espejo de los barcos perdidos,
tu voz, tu flor sin pétalos quiere mi luz,
mi sombra, este animal que exige su guarida,
su éxtasis de raíces adultas
donde dejar un halo limpio con seis palabras invencibles:
soy yo y tú nada puedes.
Elocuente poesía.
Buen cierre.

Saludos
 
Gracias, querido Ramón, tu poesía siempre profunda, para escudriñarla. Haciendo un ejercicio poético basado en tu poema, el miedo se vence querido amigo.

Reaprendo el graznido de las aves,
no me anuncian la partida de nadie,
vinieron a quitarle el festín a la parca;
el aire que me faltaba ha empezado a fluir.
Los profetas me hablaron al oído,
me entregaron el mapa para recorrer el día
que esclarece poco a poco los sueños;
pasa el tiempo susurrando sus saetas
y antes que toque mi diana canto un himno.
El poeta rompe el miedo con sus epístolas,
crea ondas luminosas mientras nazco de nuevo,
sin orfandades que me nombren,
sin cadenas ancestrales de iniquidades.
Un efluvio de oro recala en mi pecho de hierro:
tu voz ha traspasado mis sienes;
domas al animal bajado del barco de los abismos;
me vuelves florecilla de tu girasol.
Buscaré mi éxtasis en tu guarida de raíces profundas,
te quiero tan dentro y tan fuera
que tu halo imprescindible me haga sombra;
frente a ti no hay jaque mate:
solo soy parte del juego.
 
Última edición:
Aire, pequeño, mínimo aire,
pájaro en el ajedrez del día,
suave textura de fingida quietud
que palpita como un corazón de alba,
misterio del parteluz sobre mi vientre,
hermano de ojos grandes
y espinas de sal.

Vienes a mí con la sonrisa de los profetas,
te apiadas del rubor proscrito,
me susurras un horizonte de puñales
que sajan el tiempo mío,
escribes con olas azules un grito,
espías el sueño, rompes la caricia,
el neceser de la infancia, la canción breve de la cuna.

Hay un sol de ceniza en tus labios,
eres el sombrío espejo de los barcos perdidos,
tu voz, tu flor sin pétalos quiere mi luz,
mi sombra, este animal que exige su guarida,
su éxtasis de raíces adultas
donde dejar un halo limpio con seis palabras invencibles:
soy yo y tú nada puedes.
Mientras el aire siga tiñendo girasoles muy cerca de donde nos volveremos pájaros, el miedo es un síntoma de que aún residimos en las ramas que están por brotar.
Ha sido un placer compartir contigo, carnalito Ramón, un año más de imágenes emocionadas; que el 2025 traiga más y siempre mejores.
Va un fuerte abrazo.
 
Aire, pequeño, mínimo aire,
pájaro en el ajedrez del día,
suave textura de fingida quietud
que palpita como un corazón de alba,
misterio del parteluz sobre mi vientre,
hermano de ojos grandes
y espinas de sal.

Vienes a mí con la sonrisa de los profetas,
te apiadas del rubor proscrito,
me susurras un horizonte de puñales
que sajan el tiempo mío,
escribes con olas azules un grito,
espías el sueño, rompes la caricia,
el neceser de la infancia, la canción breve de la cuna.

Hay un sol de ceniza en tus labios,
eres el sombrío espejo de los barcos perdidos,
tu voz, tu flor sin pétalos quiere mi luz,
mi sombra, este animal que exige su guarida,
su éxtasis de raíces adultas
donde dejar un halo limpio con seis palabras invencibles:
soy yo y tú nada puedes.
Es una prueba superada.
Un abrazo, Ramón.
 
Gracias, querido Ramón, tu poesía siempre profunda, para escudriñarla. Haciendo un ejercicio poético basado en tu poema, el miedo se vence querido amigo.

Reaprendo el graznido de las aves,
no me anuncian la partida de nadie,
vinieron a quitarle el festín a la parca;
el aire que me faltaba ha empezado a fluir.
Los profetas me hablaron al oído,
me entregaron el mapa para recorrer el día
que esclarece poco a poco los sueños;
pasa el tiempo susurrando sus saetas
y antes que toque mi diana canto un himno.
El poeta rompe el miedo con sus epístolas,
crea ondas luminosas mientras nazco de nuevo,
sin orfandades que me nombren,
sin cadenas ancestrales de iniquidades.
Un efluvio de oro recala en mi pecho de hierro:
tu voz ha traspasado mis sienes;
domas al animal bajado del barco de los abismos;
me vuelves florecilla de tu girasol.
Buscaré mi éxtasis en tu guarida de raíces profundas,
te quiero tan dentro y tan fuera
que tu halo imprescindible me haga sombra;
frente a ti no hay jaque mate:
solo soy parte del juego.
Tu juego poético me ha encantado. Gracias, amiga.
 
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