ricardo felipe
Poeta recién llegado
Sabrá Dios desde cuando,
abrazarle bien quisiera,
orando entre penumbra y polvo,
rezando en mar sin fondo.
Y en tratado de alma,
hay sentimiento perenne,
cartas a montones,
mas promesas de siempre.
Con suerte mi barca llega,
al muelle de su vientre,
y se me iluminan los ojos,
como niño en Diciembre.
Más en color de tiempo,
y canción desafinada,
le dedico un canto,
en el huerto de mi amada.
Con todo y lo que no tengo,
os prometo cuidarla,
abrigarle el sueño,
con flor de terciopelo.
Sola, taciturna, nocturna,
sabrá Dios que la busco,
debajo de su sombra,
con esta emoción honda.
Cerrad la puerta mi dama,
os invito a estar conmigo,
sin grandes cosas frondosas,
pero con este racimo de rosas…
Ricardo Felipe
Contador de estrellas
Otoño 1.632
abrazarle bien quisiera,
orando entre penumbra y polvo,
rezando en mar sin fondo.
Y en tratado de alma,
hay sentimiento perenne,
cartas a montones,
mas promesas de siempre.
Con suerte mi barca llega,
al muelle de su vientre,
y se me iluminan los ojos,
como niño en Diciembre.
Más en color de tiempo,
y canción desafinada,
le dedico un canto,
en el huerto de mi amada.
Con todo y lo que no tengo,
os prometo cuidarla,
abrigarle el sueño,
con flor de terciopelo.
Sola, taciturna, nocturna,
sabrá Dios que la busco,
debajo de su sombra,
con esta emoción honda.
Cerrad la puerta mi dama,
os invito a estar conmigo,
sin grandes cosas frondosas,
pero con este racimo de rosas…
Ricardo Felipe
Contador de estrellas
Otoño 1.632