Poema descorazonador

Te sonrojaste, muchacha,

adulada por un lisonjero;

y lleno de esperanza,

hechizado fue por un “te quiero”.



Creyó escribir en tu cuaderno,

creyó ser dueño de tinta y pluma;

te sonrojaste, muchacha,

y de una flor sin púas,

llamada Lisonja,

cortaste el tallo al medio.



Se portó traviesa,

lo trató como quien va y antoja;

la máscara que aquel besa,

simplona es como armadura,

de taimada portadora de orejas y cola.



¡Ay! No le arranques los sueños,

no le arranques la fortuna;

¡te sonrojaste una vez!, muchacha,

y se derritió aquel como espuma.



¡Pues! Quítale todo, muchacha,

la fortuna y la lisonja;

que aprenda a no embelesarse él,

con coqueta astucia.
 

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