Poemas huecos

Orlando Pérez Torranzo

Poeta recién llegado
Peligro, un escritor hambriento

Necesito una gran pluma

y tachar caras como la mía

que no caben entre hombros.

El hambre reactiva

las ganas de escribir.


Tengo un arroz de días

tragarlo es nada fácil.

Añado lagartos

sin cabeza

para no terminar

comiendo moscas en el jardín.


Quiero morir con mente limpia

y no quiero el desempleo de los fumigadores

y no quiero…

Y no quiero.


Por eso necesito una gran pluma

llegar a los aires y comer

el arroz de mañana.

9/08/2012



GÉNESIS

Dios nos calca dentro de una madeja

en blanco y negro.

Analizo – no en Dios –

proporciones internas de

la mezcla...


... Y la rutina viste

con el mismo color

maltrecha en sí,

punzante.

24/06/2015



Apariencia de ignorante

Me confunden tocinos y toxinas

los testimonios de los aguafiestas

la confianza que da la nicotina

manzanas de madrastras y ballestas


aquello de al pan pan y al vino vino

¡pan! de golpes y vino quien se aleja

amores de un demonio en torbellino

destino piel de lobo, alma de oveja.


Me confunden la hora y la oratoria

caballo a pelo erguido sobre ruedas

la gloria que se aprende de memoria


barcos de siete vientos cuatro mares

juglar cantando sálvese quien pueda

mar en calma, a pesar de los pesares.





Respecto a la educación

No estoy en contra de las reglas.


Dicen, que no se debe

gritar a la intemperie

pero los gritos

juegan también roles

similares a la placenta


y acumulan razones

para alejarse de las muecas

que se fijan como

cucarachas de mar.




Todavía no sé

Nunca hubo de qué prescindir.

La guerra nos salvaba

sobre un árbol

con los escasos años

que permitían

dejar de comprender


cuando por juicio tierno

y cabezas de adoquines

escapábamos del pozo.






Y desde entonces

Mis padres hacían

el amor en los parques.

Yo nací en un carrusel

enredado entre las patas

de un ejemplar que pudiera

ser el último


y sigue dando vueltas

en un mismo sentido

sin reconocer

que vueltas de ese modo

significan

penetraciones continuas

no con el objetivo

de los tirabuzones.







La madre de mí

La mujer de la esquina

conoce a cientos de hombres


y a sus respectivos perros

por el olor.


Nunca deja huellas en la casa

pero sí más adentro,

en un lugar de músculos y cables

que acciona como bomba.


No tiene marcha atrás

ni cuando explota,


ni le gustan los precios.

Ama solo a los perros.

Los siembra en cuartos menguantes

y de domingo a domingo

habla de amor.


La mujer cambió de tiempo

y aquellos cientos

no apostaron más las noches.

Cosió sus muslos

con espinas de ballena,

entre pezones dibujó una sombrilla

y en medio de la luz

me dio su leche.

9/08/2012
 

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