BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Elijo este suicidio
silencioso y múltiple
venas silenciadas arterias dilatadas
rotas anatomías de estelas sanguíneas
donde rompen las olas con su profundidad
aromática. Oh, esos labios, ignorancia suprema,
cómo huyes de ti, hasta alzar los brazos exiliados.
Dirán que estuviste enajenado, en la hiriente verdad
por instantes convertido, habitando su murmullo incesante,
sin palabras que curarte. Mas no, tú sabes
de la idolatría, la imbécil idolatría de los labios en oscuridad.
Labios, oscuridad, a quién cantarle? Para qué cantarle?
Esta ocurrencia de sentencia pena tu hospitalidad inservible.
La captación de recurrentes olvidos, la frecuencia sinuosa
del recuerdo. Cómo mareas tus ídolos hasta fecundarlos
nuevamente! Y en cada signo, en cada ritmo de tu sangre
esquilmada, produces los tóxicos venerados por el oleaje,
tan húmedo. Llegan nuevos labios, vasos sanguíneos,
artículos pretéritos de una novedosa existencia: afrontas
tu particular calvario, hasta la sangre que vomitas sin dudarlo.
Dirán, no hay belleza en sus poemas, tan atrabiliarios, tan fragmentados.
Desordenados sus símbolos, escondidos como un dios determinado
por las palabras únicamente, serás pasto de la ceniza en un invierno
entre matojos. Oh sacude la bestia que llevas dentro
para ignorarla en la vida-.
©
silencioso y múltiple
venas silenciadas arterias dilatadas
rotas anatomías de estelas sanguíneas
donde rompen las olas con su profundidad
aromática. Oh, esos labios, ignorancia suprema,
cómo huyes de ti, hasta alzar los brazos exiliados.
Dirán que estuviste enajenado, en la hiriente verdad
por instantes convertido, habitando su murmullo incesante,
sin palabras que curarte. Mas no, tú sabes
de la idolatría, la imbécil idolatría de los labios en oscuridad.
Labios, oscuridad, a quién cantarle? Para qué cantarle?
Esta ocurrencia de sentencia pena tu hospitalidad inservible.
La captación de recurrentes olvidos, la frecuencia sinuosa
del recuerdo. Cómo mareas tus ídolos hasta fecundarlos
nuevamente! Y en cada signo, en cada ritmo de tu sangre
esquilmada, produces los tóxicos venerados por el oleaje,
tan húmedo. Llegan nuevos labios, vasos sanguíneos,
artículos pretéritos de una novedosa existencia: afrontas
tu particular calvario, hasta la sangre que vomitas sin dudarlo.
Dirán, no hay belleza en sus poemas, tan atrabiliarios, tan fragmentados.
Desordenados sus símbolos, escondidos como un dios determinado
por las palabras únicamente, serás pasto de la ceniza en un invierno
entre matojos. Oh sacude la bestia que llevas dentro
para ignorarla en la vida-.
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