Poesía en sus manos

Clau88815

Poeta recién llegado
Era un día como tantos otros, el sol se negaba a dar la cara y yo sentía de algún modo que yo era la causa. O por lo menos en mi vanidad, creía que se me negaba solo a mí. Me sentía infeliz, confusa; llena de ideas y sin poder concretar una sola. De la nada la vi, no hacia nada diferente. Era mi abuela, estaba en la cocina. Sus manos arrugadas estiraban una masa como buscando que creciera el doble, pero así era ella. Quizás nunca lo supo, pero era el motor de la casa. Me quede observándola minutos que parecieron interminables, sus ojos esperanzados, sus manos arrugadas que daban cuenta de sus años. ¡Dios! No quería dejar de mirarla, sentía toda la ternura contenida en ese solo momento. No me atrevía a tocarla por miedo a destruir ese instante, pero fue más fuerte la necesidad de hacerlo. Así que me acerque silenciosa y estiré tan solo una mano para tocar su rostro, tan solo unos pasos di, recuerdo la lentitud en mis pasos cuando por fin me le acerqué, pero al intentar tocarla casi tan rápido como me dormí, desperté.
 

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