BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Van cayendo sobre mí
útiles, trabajos, apuntes,
detalles, organigramas,
sucesos y decesos, de la triste
vida, que nos acontece lejos,
quizás en un puro extravío distante.
Estos instantes, murmuran
su sollozo inquebrantable,
van y llegan lejos, los muebles
desvencijados, los carcomidos
carbones, los eléctricos cables
que descalcifican un hueso interior.
Mi vida lentamente va cayendo,
no puedo decir que me guste,
son sólo fragmentos, imágenes,
ídolos o mitos fracasados.
En las voces que enumero
como si del solo desierto emanaran,
su número inabordable, su taxidermia
caída en la espalda, me absorben
los latidos, el sol y su luz impasible.
No puedo ofrecer trituradoras
a mi dominio delirante, me conmueven
exactamente las mismas cosas
que cuando arrancaba mi adolescencia.
Vívidos los lienzos de mi trabajo,
donde habitan los lugares subterráneos,
en que mayúsculas e intervalos de frases
todavía se unen y fusionan unas a otras,
encadenadas y no mutiladas, por una vez.
Me gustan los cuarzos, las antracitas,
los labios cerrados por calcios y el flúor,
la ventisca entrando abatida por los desvanes,
las estufas admitiendo su exiguo futuro
calentando muslos y adversidades de inviernos.
Por ti olvido los paisajes de la memoria,
los parajes pedregosos donde me tocó vivir,
las calenturas de la infancia sin masturbaciones,
y las rodillas con heridas llenas de pus implacable.
El sexo contigo es ahora un recuerdo
un recuerdo que procuro amasar
y que ignoran hasta las piedras del río.
©
útiles, trabajos, apuntes,
detalles, organigramas,
sucesos y decesos, de la triste
vida, que nos acontece lejos,
quizás en un puro extravío distante.
Estos instantes, murmuran
su sollozo inquebrantable,
van y llegan lejos, los muebles
desvencijados, los carcomidos
carbones, los eléctricos cables
que descalcifican un hueso interior.
Mi vida lentamente va cayendo,
no puedo decir que me guste,
son sólo fragmentos, imágenes,
ídolos o mitos fracasados.
En las voces que enumero
como si del solo desierto emanaran,
su número inabordable, su taxidermia
caída en la espalda, me absorben
los latidos, el sol y su luz impasible.
No puedo ofrecer trituradoras
a mi dominio delirante, me conmueven
exactamente las mismas cosas
que cuando arrancaba mi adolescencia.
Vívidos los lienzos de mi trabajo,
donde habitan los lugares subterráneos,
en que mayúsculas e intervalos de frases
todavía se unen y fusionan unas a otras,
encadenadas y no mutiladas, por una vez.
Me gustan los cuarzos, las antracitas,
los labios cerrados por calcios y el flúor,
la ventisca entrando abatida por los desvanes,
las estufas admitiendo su exiguo futuro
calentando muslos y adversidades de inviernos.
Por ti olvido los paisajes de la memoria,
los parajes pedregosos donde me tocó vivir,
las calenturas de la infancia sin masturbaciones,
y las rodillas con heridas llenas de pus implacable.
El sexo contigo es ahora un recuerdo
un recuerdo que procuro amasar
y que ignoran hasta las piedras del río.
©