licprof
Poeta fiel al portal
el capitàn habìa muerto, ahora estaba solo en el portàtil submarino (no amarillo, + bien negro)
era el ùnico tripulante y debìa hacer todas las cosas de la nave: limpiar, barrer, desinfectar:
ya saben
habìa otros buques es cierto, otros submarinos, portàtiles o no
navegando las aguas electrònicas
navegando en el fluido elèctrico
habìa cremado el cadàver del capitàn
ahora sus cenizas estaban en una caja de madera con su nombre
extrañamente las cenizas pesaban bastante
escuchaba mùsica y hacìa las tareas diarias y nocturnas
para estar en forma, hacìa ejercicios, bailaba distintos ritmos
para no atrofiarse y sobre todo para olvidar
como un equilibrista se debatìa entre la memoria y el olvido
cada tanto se acordaba del capitàn
y las làgrimas fluìan rodantes x su cara ya borroneada
vivir no es importante, escribir, navegar sì
por otra parte, cabe agregar la enfermedad pestilencial
acechando impertèrrita en cada esquina del tubo de acero
por suerte, quedaba dinero, papeles de distintos colores
monedas de distintos tamaños
con las cuales comprar de vez en cuando
frutas y verduras
habìa que guardarlas en la heladera so pena que la cocina
se llenara de moscas y mosquitos
cucarachas voladoras
dònde se habìan ido todas las palomas y gorriones?
la ciudad parecìa desierta
recuerdos del capitàn: algunas fotografìas
(las daba vuelta: de mirarlas se ponìa triste, se le anudaba la garganta
y no podìa evitar el llanto, el sollozo digamos sin consuelo)
era recto como una linea el capitàn
y severo
como un padre bueno y temible (temor reverencial, casi hobbesiano)
pero ahora ya no estaba para recibir las òrdenes correspondientes
desde ahora era su propio capitàn y debìa por su bien
abandonar las malas costumbres al arribar a distintos puertos:
las prostitutas
el cigarrillo
las pràcticas sadomasoquistas
los salones de baile
el cafetear en bares o confiterias
los videos y fotos pornogràficas
el onanismo a ultranza cada mañana al despertar
o a la noche
para mejor dormir
a falta de pastillas
los programas televisivos
sean noticieros, de chimentos, de preguntas y respuestas
o simplemente gastronòmicos
los programas radiales
una biografìa minuciosa de malcolm lowry (ediciòn del fce)
el submarino no se sumergìa jamàs:
no habìa guerra, no habìa buques enemigos
eran tiempos de paz y de pandemia
surcaba los ocèanos electrònicos
dejando una estela de palabras
espuma de palabras
por las noches escribìa poemas para mitigar morigerar
la soledad marina
y
los fantasmas
que lo acechaban permanentemente
en forma de recuerdos
suavemente tecleaba deletreando recuerdos
el submarino lleno de luz solar
en el mediodìa otoñal
luego almorzaba legumbres:
su mente no lograba resignarse
a la inexistencia del hermoso capitàn
era el ùnico tripulante y debìa hacer todas las cosas de la nave: limpiar, barrer, desinfectar:
ya saben
habìa otros buques es cierto, otros submarinos, portàtiles o no
navegando las aguas electrònicas
navegando en el fluido elèctrico
habìa cremado el cadàver del capitàn
ahora sus cenizas estaban en una caja de madera con su nombre
extrañamente las cenizas pesaban bastante
escuchaba mùsica y hacìa las tareas diarias y nocturnas
para estar en forma, hacìa ejercicios, bailaba distintos ritmos
para no atrofiarse y sobre todo para olvidar
como un equilibrista se debatìa entre la memoria y el olvido
cada tanto se acordaba del capitàn
y las làgrimas fluìan rodantes x su cara ya borroneada
vivir no es importante, escribir, navegar sì
por otra parte, cabe agregar la enfermedad pestilencial
acechando impertèrrita en cada esquina del tubo de acero
por suerte, quedaba dinero, papeles de distintos colores
monedas de distintos tamaños
con las cuales comprar de vez en cuando
frutas y verduras
habìa que guardarlas en la heladera so pena que la cocina
se llenara de moscas y mosquitos
cucarachas voladoras
dònde se habìan ido todas las palomas y gorriones?
la ciudad parecìa desierta
recuerdos del capitàn: algunas fotografìas
(las daba vuelta: de mirarlas se ponìa triste, se le anudaba la garganta
y no podìa evitar el llanto, el sollozo digamos sin consuelo)
era recto como una linea el capitàn
y severo
como un padre bueno y temible (temor reverencial, casi hobbesiano)
pero ahora ya no estaba para recibir las òrdenes correspondientes
desde ahora era su propio capitàn y debìa por su bien
abandonar las malas costumbres al arribar a distintos puertos:
las prostitutas
el cigarrillo
las pràcticas sadomasoquistas
los salones de baile
el cafetear en bares o confiterias
los videos y fotos pornogràficas
el onanismo a ultranza cada mañana al despertar
o a la noche
para mejor dormir
a falta de pastillas
los programas televisivos
sean noticieros, de chimentos, de preguntas y respuestas
o simplemente gastronòmicos
los programas radiales
una biografìa minuciosa de malcolm lowry (ediciòn del fce)
el submarino no se sumergìa jamàs:
no habìa guerra, no habìa buques enemigos
eran tiempos de paz y de pandemia
surcaba los ocèanos electrònicos
dejando una estela de palabras
espuma de palabras
por las noches escribìa poemas para mitigar morigerar
la soledad marina
y
los fantasmas
que lo acechaban permanentemente
en forma de recuerdos
suavemente tecleaba deletreando recuerdos
el submarino lleno de luz solar
en el mediodìa otoñal
luego almorzaba legumbres:
su mente no lograba resignarse
a la inexistencia del hermoso capitàn
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