Póstumos años

danie

solo un pensamiento...
Se borran las golondrinas
de mis ojos de verano,
se velan los difuntos cuerpos
de la fe y las creencias
en un recóndito camposanto
de mi memoria olvidada,
se deshilachan las nubes de algodón
de mis sueños
debajo de la almohada,
se desgajan
todos los rosales
de mi jardín de marchitas hadas…


Ya no regresará el mundo
de su viaje de veraneo
“partió hacia las islas paradisíacas
para olvidarse del yermo
y de lo opaco”,
hasta el delirio se ha apartado
de mi sombra embriagada
sin no antes
asesinar a la razón
con sus filosas palabras.

Perdí las sonrisas
tras el espejo agrietado,
los besos fueron cenizas
barridas por el vendaval de los años,
las caricias se quemaron en la hoguera
del vergonzoso fracaso,
hasta las lágrimas ya no caerán más
desde los párpados
del cielo constipado.


Se borran todas las partituras
cantadas por las nanas
hacia mis niños huérfanos,
toda poesía de vestido blanco,
se hace indescifrable
para el corazón
la presencia de las musas.


La calle de abrazados
de Benedetti
en ruinas ha quedado,
la tinta de la historia
como un río
se ha derramado
y mi lisiado instinto
después de tanta agonía,
finalmente,
se ha suicidado.



Yo sigo en la mesa de un bar,
como si nada pasara,
bebiéndome el hígado deteriorado,
fumándome lo que me queda
de un pulmón sano,
escribiendo con sangre por tinta
lo que poco importa ya

del cáncer,
la cirrosis
y los pasados años.
 
Se borran las golondrinas
de mis ojos de verano,
se velan los difuntos cuerpos
de la fe y las creencias
en un recóndito camposanto
de mi memoria olvidada,
se deshilachan las nubes de algodón
de mis sueños
debajo de la almohada,
se desgajan
todos los rosales
de mi jardín de marchitas hadas…


Ya no regresará el mundo
de su viaje de veraneo
“partió hacia las islas paradisíacas
para olvidarse del yermo
y de lo opaco”,
hasta el delirio se ha apartado
de mi sombra embriagada
sin no antes
asesinar a la razón
con sus filosas palabras.

Perdí las sonrisas
tras el espejo agrietado,
los besos fueron cenizas
barridas por el vendaval de los años,
las caricias se quemaron en la hoguera
del vergonzoso fracaso,
hasta las lágrimas ya no caerán más
desde los párpados
del cielo constipado.


Se borran todas las partituras
cantadas por las nanas
hacia mis niños huérfanos,
toda poesía de vestido blanco,
se hace indescifrable
para el corazón
la presencia de las musas.


La calle de abrazados
de Benedetti
en ruinas ha quedado,
la tinta de la historia
como un río
se ha derramado
y mi lisiado instinto
después de tanta agonía,
finalmente,
se ha suicidado.



Yo sigo en la mesa de un bar,
como si nada pasara,
bebiéndome el hígado deteriorado,
fumándome lo que me queda
de un pulmón sano,
escribiendo con sangre por tinta
lo que poco importa ya

del cáncer,
la cirrosis
y los pasados años.
Excelente poema que retrata con muy buenas imagenes la soledad y la resignación ante la vida. Un fuerte abrazo Daniel.
 
Se borran las golondrinas
de mis ojos de verano,
se velan los difuntos cuerpos
de la fe y las creencias
en un recóndito camposanto
de mi memoria olvidada,
se deshilachan las nubes de algodón
de mis sueños
debajo de la almohada,
se desgajan
todos los rosales
de mi jardín de marchitas hadas…


Ya no regresará el mundo
de su viaje de veraneo
“partió hacia las islas paradisíacas
para olvidarse del yermo
y de lo opaco”,
hasta el delirio se ha apartado
de mi sombra embriagada
sin no antes
asesinar a la razón
con sus filosas palabras.

Perdí las sonrisas
tras el espejo agrietado,
los besos fueron cenizas
barridas por el vendaval de los años,
las caricias se quemaron en la hoguera
del vergonzoso fracaso,
hasta las lágrimas ya no caerán más
desde los párpados
del cielo constipado.


Se borran todas las partituras
cantadas por las nanas
hacia mis niños huérfanos,
toda poesía de vestido blanco,
se hace indescifrable
para el corazón
la presencia de las musas.


La calle de abrazados
de Benedetti
en ruinas ha quedado,
la tinta de la historia
como un río
se ha derramado
y mi lisiado instinto
después de tanta agonía,
finalmente,
se ha suicidado.



Yo sigo en la mesa de un bar,
como si nada pasara,
bebiéndome el hígado deteriorado,
fumándome lo que me queda
de un pulmón sano,
escribiendo con sangre por tinta
lo que poco importa ya

del cáncer,
la cirrosis
y los pasados años.
Áyyy Danie, la desazón, el hastío y la desesperanza acuden a la mesa sin ser invitadas, ya todo está pasando, al igual que pasan los años y las estaciones, se avecinan cambios y nosotros hemos de salvar lo poco o mucho que nos queda de nuestra verdadera identidad, porque en la vida además de los fracasos existe la elevación del espíritu sobre lo superfluo, sobre lo solucionable y sobre todo lo que asusta y acongoja, busquemos la trascendencia, la esencia... Me ha encantado leer este profundísimo y bello poema que tu generosidad nos comparte. Besazos mi querido amigo, con cariño y con admiración.
 

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